La vida cotidiana en los castillos medievales
Un bullicio que hoy parece vacío
Los fortalezas medievales, ahora sombrías y desiertas, fueron antaño centros de actividad. Se escuchaba risa por todas partes, mientras juglares entonaban villancicos y bailaban bajo máscaras. La seguridad de todos estaba garantizada por la atenta guardia del castillo.
El libro que nos transporta al pasado
Joseph y Frances Gies nos introducen en este mundo con su obra Life in a Medieval Castle. Tras una opípara cena, la gente se retiraba a dormir desnuda. El amante se colaba sigilosamente en la cama de su amada, esquivando al cónyuge que podía aparecer en cualquier momento.
Amor y sexualidad sin tapujos
La vida sexual era tan abundante como la nuestra, a pesar de la idealización del amor cortés. En tiempos de hipocresía, el amor adquiría una dimensión aún más picante. No solo el deseo masculino se consideraba desbordante; al contrario, se pensaba que las mujeres tenían apetitos mayores, tanto por motivos fisiológicos como por supuesta debilidad de juicio.
Los sirvientes recorrían los estrechos y frescos pasillos…
¿Qué pasa con los derechos de las mujeres?
Lamentablemente, la realidad era patriarcal. Existían excepciones: la Edad Media no carecía de mujeres fuertes e independientes, pero eran la excepción que confirmaba la regla. Eleanor de Inglaterra e Isabel de Angulema, por ejemplo, no temían enfrentarse al propio Papa y defendían sus fortalezas cuando quedaban sin marido.
De la historia a la fantasía
Este libro inspiró a George R.R. Martin para crear el universo de Game of Thrones. Al leer Life in a Medieval Castle uno se sumerge en un mundo distante pero sorprendentemente parecido al nuestro, lleno de pasiones, deseos y entretenimientos. Los fans de Winterfell reconocerán fácilmente las fuentes de inspiración de “Canción de hielo y fuego”.
Hechos sin adornos
Joseph y Frances Gies no embellecen ni distorsionan la historia; simplemente presentan datos que resultan más fascinantes que la ficción más elaborada.