Diseño y ubicación
Los crematorios se construyeron dentro o junto a los campos de concentración y exterminio, como Auschwitz‑Birkenau, Majdanek y Treblinka. Su arquitectura estaba pensada para recibir gran número de cuerpos y quemarlos de forma continua, con hornos de alta capacidad y sistemas de ventilación que facilitaban el proceso.
Proceso de cremación
Las personas seleccionadas para la exterminación eran llevadas al crematorio, despojadas de sus ropas y pertenencias y, a veces, obligadas a tomar una ducha simulada antes de ser conducidas a las cámaras de gas.
Cámaras de gas
Las cámaras, disfrazadas de duchas, se sellaban y se introducía Zyklon B, un pesticida a base de cianuro. El gas se difundía rápidamente, provocando la muerte por asfixia en pocos minutos.
Extracción y incineración
Tras la muerte, los Sonderkommandos, prisioneros judíos obligados a colaborar, retiraban los cadáveres y los introducían en los hornos. Los crematorios funcionaban sin interrupción para mantener un ritmo constante de incineración.
Destino de las cenizas
Los restos se reducían a cenizas a temperaturas extremadamente altas. Estas cenizas se depositaban en fosas, se esparcían sobre terrenos o se utilizaban como fertilizante. En algunos casos, se mezclaban con cemento para la construcción de carreteras y edificios del propio campo.
Los crematorios fueron el eje de la “solución final” nazi, simbolizando la escala industrial del genocidio que cobró la vida de millones de judíos, gitanos, discapacitados y otros grupos perseguidos.