El destino macabro de Craso
Tras la derrota en la batalla de Carrhae (53 a.C.), los partos mutilaron el cuerpo de Marco Licinio Craso y le vertieron oro fundido por la garganta como burla. Más tarde, su cabeza fue enviada al rey partó Orodes II, quien la exhibió públicamente en la ciudad de Seléucia.
Impacto en la política romana
La muerte de Craso significó el fin del control directo de la República romana sobre Oriente Próximo. Los partos repelieron con éxito los intentos posteriores de Roma de conquistar sus territorios.
Estrategia romana posterior
En lugar de lanzar una nueva invasión contra el Imperio partó, Roma optó por crear un reino cliente en Armenia y reforzar la frontera oriental. El general más poderoso de la época, Pompeyo el Grande, dirigió campañas en el Cáucaso y consolidó la frontera romana con los partos.