Conquista y dominio islámico
La Península Ibérica, que hoy comprende Portugal y España, fue conquistada por los árabes entre 711 y 713, tras la victoria del bereber Tarique ibn Ziyad en la batalla de Guadalete. Los invasores denominaron al nuevo territorio al‑Garb al‑Andalus.
Presencia en el territorio portugués
El dominio islámico no tuvo la misma intensidad en todas las regiones. Fue más tenue en la zona de Beiras, al norte del Duero, y en el futuro Condado Portucalense, donde sólo se asentaron tribus musulmanas, mayoritariamente bereberes.
El pequeño reino cristiano de Asturias, formado por asturianos, cántabros y hispano‑godos, expulsó definitivamente a los musulmanes al sur del Duero en 754. En el sur de Portugal el Islam dejó huellas profundas, comparables a la influencia romana.
En Estremadura surgieron los centros urbanos de al‑Usbuna (Lisboa) y Santarín (Santarém). En el Bajo Alentejo se fundaron Baja (Beja) y Martula (Mértola). En el Algarve, donde la presencia musulmana perduró seis siglos, aparecieron Silb (Silves) y Santa Mariya al‑Harum (Faro). Los árabes, término genérico que agrupa a bereberes, sirios, egipcios y otros, sustituyeron a los señores visigodos y, en general, mostraron tolerancia hacia las costumbres locales, permitiendo la práctica religiosa de la población y favoreciendo contactos económicos y culturales.
Legado material y cultural
Gran parte del patrimonio material se perdió debido a la política de “tierra arrasada” de la Reconquista, que destruyó ciudades y quemó edificios. No obstante, aún se conservan restos en murallas, castillos y la trazado de callejones de algunas ciudades del sur. La única iglesia que conserva vestigios de una mezquita es la catedral madre de Mértola.
El legado árabe se percibe en terrazas de casas del Algarve, artes decorativas, azulejos, forja, alfombras, trabajos en cuero y metal. La traducción de obras científicas impulsó la química, la medicina y las matemáticas; el sistema numérico occidental proviene del origen árabe.
En la agricultura se introdujeron técnicas de riego, nuevas plantas como el limonero, el naranjo agrio, el almendro, posiblemente el arroz, y se potenció el cultivo de olivo, algarrobo, higos, uvas y manzanas, reforzando la vocación mediterránea de la región.
El idioma siguió siendo latino, pero más de 600 vocablos árabes se incorporaron, sobre todo referentes a la ropa, el mobiliario, la agricultura, instrumentos científicos y utensilios.
Fin de la presencia islámica
Los conflictos internos y los intentos cíclicos de desmembrar el Estado islámico facilitaron el avance cristiano, que fue empujando a los musulmanes hacia el sur durante seis siglos. El Algarve se incorporó al reino de Portugal en 1249, bajo el reinado de Afonso III.
Muchos descendientes árabes permanecieron después de la Reconquista, asentándose en los Mourarias, barrios semi‑rurales alrededor de las murallas de ciudades como Lisboa y otras localidades al sur del Tajo, cuyo recuerdo se conserva en nombres y planos de más de veinte poblaciones.