El fin del populismo no tiene una única explicación; suele deberse a una combinación de factores. Entre los motivos más frecuentes que provocan su declive se encuentran:
- Crecimiento económico y desarrollo. Cuando los países aumentan su prosperidad, la sensación de exclusión disminuye y la demanda de líderes populistas se reduce.
- Emergencia de otros movimientos políticos. Nuevas corrientes, como el socialismo democrático o incluso tendencias autoritarias, ofrecen alternativas distintas y pueden absorber el apoyo que antes tenía el populismo.
- Incumplimiento de promesas por parte de los dirigentes populistas. Si los líderes no logran cumplir sus compromisos o mejorar la vida de sus seguidores, pierden credibilidad y su base se erosiona.
- Conflictos internos. Las luchas de poder y las divisiones dentro de los propios movimientos populistas favorecen su fragmentación y debilitamiento.
Es importante aclarar que el fin del populismo no equivale al desaparecimiento de todas las corrientes que apelan a las mayorías. Muchos de estos movimientos se transforman, se adaptan a nuevas circunstancias y continúan influyendo en la arena política aun después de haber perdido su impulso inicial.