En la primera mitad del siglo XIX, Inglaterra puso en práctica los ferrocarriles impulsados por vapor, marcando el inicio de una revolución en el transporte que transformaría la civilización.
En Japón, apenas cinco años después de la Restauración Meiji, en 1872, se inauguró la primera línea ferroviaria entre Shimbashi y Yokohama, acelerando de forma decisiva la modernización del país.
El desarrollo del ferrocarril japonés
Durante el período Edo la movilidad de la población estaba bastante limitada. Tras la Restauración Meiji esas restricciones desaparecieron y el traslado de personas se volvió mucho más dinámico. En los primeros años de la era Meiji, el transporte público mejoró rápidamente gracias al nuevo sistema ferroviario y a los carruajes.
Inicialmente los ferrocarriles eran de propiedad estatal, pero la inestabilidad provocada por la Rebelión de Satsuma y la escasez de recursos hicieron evidente la necesidad de capital privado. En 1883 se aprobó la creación de la Nippon Railway, que abrió tramos que hoy forman parte de la Línea Principal Tōhoku y de la Línea Takasaki.
El proyecto de red ferroviaria se convirtió en una prioridad nacional. Gobierno y sector privado colaboraron para expandir la red y, en 1906, el Estado adquirió 17 grandes compañías privadas, fusionándolas con los ferrocarriles estatales. Esa unión dio origen a los Japanese National Railways (JNR), predecesores de la actual JR.
¿Por qué el ferrocarril era tan importante?
Su velocidad y capacidad de transporte estable fueron claves. No solo facilitó el desplazamiento de personas, sino que también permitió mover grandes volúmenes de mercancías fabricadas en fábricas locales de forma rápida y segura.
Otro factor determinante fueron las implicaciones militares. En aquella época el ferrocarril era el único medio capaz de trasladar rápidamente grandes cantidades de soldados y suministros.
El uso militar del ferrocarril comenzó en 1877, durante la Rebelión de Satsuma. Las únicas líneas existentes entonces —Tokyo‑Yokohama y Kyoto‑Kobe— demostraron una eficiencia que superaba con creces a los métodos tradicionales de transporte militar.
Durante las décadas siguientes, la construcción ferroviaria continuó expandiéndose por todo el archipiélago, hasta que la masificación del automóvil en la era del rápido crecimiento económico de Showa cambió el panorama. Hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, muchos trazados reflejaban la influencia de decisiones militares.
Ejemplos de influencia militar
La Línea Yokosuka conecta la base naval de Yokosuka con Tokio; su estación está situada alejada del centro urbano, recuerdo de la proximidad original a la base naval.
Otro caso notable es la ruta Tokio‑Osaka. En un principio se consideró la antigua ruta del Nakasendo, pues la población entonces no estaba tan concentrada en la zona costera del Tōkaidō y se percibía mayor demanda interior. El ejército se opuso al trazado costero, temiendo bombardeos enemigos. Sin embargo, la dificultad del terreno montañoso llevó a que, en 1886, se adoptara finalmente la ruta del Tōkaidō.
En la línea Chūō de Tokio todavía se observan restos de decisiones militares: después de Shinjuku, la vía realiza un amplio giro hacia el centro, resultado de la petición del ejército de pasar por el campo de desfile de Aoyama.
Estos ejemplos demuestran que la construcción ferroviaria en la era Meiji estuvo estrechamente ligada a consideraciones estratégicas del ejército.