En 1582, el daimyo Oda Nobunaga estaba consolidando su poder cuando su vasallo Akechi Mitsuhide se rebeló, desencadenando el famoso Incidente de Honno‑ji. Aunque el motivo exacto sigue sin estar claro, existen varias teorías basadas en rencores acumulados.
¿Nobunaga humilló a Mitsuhide frente a todos?
Tras la victoria sobre el clan Takeda, Nobunaga organizó una fiesta en Suwa (Nagano) para premiar a sus generales. Mitsuhide, orgulloso, comentó que el esfuerzo había valido la pena. El señor Oda, enfadado, lo reprendió públicamente, golpeándolo y humillándolo. Esta afrenta habría sembrado un profundo resentimiento en Mitsuhide.
El papel de entretenimiento de Ieyasu fue revocado
Tokugawa Ieyasu había recibido el dominio de Suruga como recompensa por su participación en la campaña contra Takeda. Cuando visitó el castillo de Azuchi, Mitsuhide debía encargarse de su entretenimiento. Sin embargo, Nobunaga despreció el menú preparado, alegando que el pescado estaba “podrido”. La crítica humilló nuevamente a Mitsuhide y alimentó su enojo.
¿Cambios territoriales como provocación?
Tras la derrota de los Mori, Mitsuhide fue enviado como refuerzo bajo el mando de Hashiba (Toyotomi) Hideyoshi. Según algunas fuentes, Nobunaga le habría prometido las provincias de Omi y Tanba a cambio de su lealtad, pero en realidad esas tierras pertenecían al clan Mori, lo que provocó confusión y sospechas de intenciones ocultas.
Un canto críptico
En una reunión de poesía (renga) en el santuario de Atago, Mitsuhide pronunció unas palabras que algunos interpretan como presagios de un futuro dominio: “¿Cuándo lloverá? ¿Mayo?” y “Monte Matsuyama en el jardín”. Estas frases se han leído como códigos que aludirían a la caída de los Taira y al establecimiento de un nuevo orden.
La supuesta crucifixión de su madre
Alrededor de tres años antes del incidente, Mitsuhide fue enviado a sofocar la rebelión de los hermanos Hatano en el castillo de Yagami (Tanba). Tras la rendición, los hermanos fueron ejecutados por crucifixión en Azuchi, violando la promesa de clemencia. La madre de Mitsuhide, según la tradición Edo, habría sido víctima de la misma suerte, alimentando un profundo odio.
Una lanza clavada al cuello
En una noche de copas, se cuenta que Nobunaga, ebrio, habría apuntado una lanza al cuello de Mitsuhide y le obligó a beber de una gran taza de sake, diciendo: “¿Quieres beber la hoja blanca o el sake?”. Aunque la veracidad es dudosa, la anécdota ilustra la tensión entre ambos.
Disputa por un vasallo
El señor Saitō Toshimitsu, antiguo vasallo de Mitsuhide, fue reclutado por Nobunaga a cambio de una tierra de 300.000 koku. Cuando el señor Ichitetsu pidió su devolución, Mitsuhide se negó, alegando que la lealtad no se compra. Nobunaga, enfadado, amenazó a Mitsuhide, aumentando la animosidad.
La quema del templo de Erinji
Después de la caída de Takeda, el templo de Erinji se negó a entregar a un sacerdote que había huido. El hijo mayor de Nobunaga, Oda Nobutada, ordenó su incendio, matando a 150 monjes. Mitsuhide habría protestado, recibiendo nuevamente una reprimenda.
Conclusión
Los numerosos agravios –humillaciones públicas, revocación de honores, promesas rotas y tragedias familiares– pueden haber alimentado la decisión de Mitsuhide de traicionar a su señor. Aunque nunca se descartará la posibilidad de un conspirador oculto, la suma de estos rencores ofrece una explicación plausible al enigmático Incidente de Honno‑ji.