El drama histórico Kirin ga Kuru, emitido el 7 de junio de 2020, muestra a Matsudaira Motoyasu comiendo algo parecido a yuzuke después de una batalla, mientras que los vasallos de Imagawa Yoshimoto se alimentaban de onigiri y Mochizuki Toan y Koma consumían pasteles de arroz. ¿Qué comían realmente los guerreros del Sengoku? Investigamos para responder a esta curiosa pregunta.
Alimentos preferidos de los tres grandes señores de la guerra
Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu forman el trío de líderes que marcó la era Sengoku. Los documentos históricos revelan que sus gustos culinarios reflejaban sus personalidades.
Oda Nobunaga: sabores intensos
Nobunaga apreciaba los alimentos con sabor fuerte: rábano encurtido en miso y cebolla verde con miso. También disfrutaba de platos ligeros como agua de arroz. Su dieta incluía konpeitō y caquis secos, mostrando una sorprendente afición por lo dulce a pesar de su predilección por lo salado.
Tokugawa Ieyasu: defensor de la salud
Ieyasu era famoso por su consumo de gohan de cebada, rico en vitaminas B, calcio y minerales. Este cereal, de digestión lenta, le proporcionaba energía sostenida, lo que le permitió mantenerse activo hasta los 75 años, practicando la cetrería y otras actividades físicas. Se dice que su amor por el tempura de lubina le costó la vida.
Toyotomi Hideyoshi: fanático del pulpo
El plato predilecto de Hideyoshi era el pulpo a la parrilla con miso. El pulpo, rico en taurina, favorece la función cerebral y la recuperación del cansancio, lo que podría haber potenciado la agudeza mental del unificador de Japón. También se dice que, antes de la guerra, probó carne de tigre y que en sus últimos años prefería okayu (gachas de arroz) muy finas, fáciles de digerir.
Quien controla la comida, controla la batalla
Durante la famosa Batalla de Shizugatake, Hideyoshi marchó 52 km desde Gifu hasta Nagahama en solo 5 horas, una hazaña imposible en la actualidad. Ordenó a los aldeanos que prepararan onigiri y los entregaran a sus soldados, asegurando que los guerreros marcharan alimentados y motivados.
La sal en la era Sengoku
Sin refrigeración, la conservación se basaba en el salado. Figuras como Uesugi Kenshin y Takeda Shingen dependían del sal para preservar alimentos y reponer los electrolitos perdidos durante largas marchas.
Consumo excesivo de sal
Un estudio sobre la dieta de Oda Nobunaga indica que ingería alrededor de 40 g de sal al día, lo que pudo haber contribuido a su muerte prematura en el Incidente de Honnō-ji. De manera similar, se afirma que Kenshin sufrió problemas de salud relacionados con una dieta excesivamente salada.
La importancia estratégica del miso
En territorios sin acceso al mar, como el dominio de Takeda, el miso se convirtió en una forma de conservar la sal. Takeda incentivó su producción para garantizar suministros durante los asedios.
Diferencias entre la alimentación del Sengoku y la del periodo Edo
En el Sengoku la tecnología agrícola era limitada; la gente consumía alimentos en su forma más natural, aprovechando granos integrales y vegetales silvestres. En contraste, en el Edo se introdujeron técnicas de pulido de arroz, lo que provocó deficiencias de vitamina B1 (beriberi).
Patrones de comida: dos comidas al día
Los japoneses de la era Sengoku solían comer dos veces al día, al amanecer y al mediodía, tanto los samuráis como los campesinos. Sólo en situaciones de guardia nocturna se añadía una tercera comida.
Raciones abundantes
Algunos daimyō reportaban consumir hasta cinco go de arroz al día (aprox. 1,75 kg), lo que explica la práctica de dos comidas copiosas. El arroz era integral, con salvado que aportaba vitaminas, minerales y fibra.
Alimentos básicos del periodo Sengoku
Miso: el pilar de la cocina japonesa
El miso, elaborado a base de soja, tenía una larga vida útil gracias al contenido de sal. Se consumía en sopas y, a veces, se esparcía sobre el arroz (nekomanma). Figuras como Date Masamune y Takeda Shingen promovieron su producción para uso militar.
Hyorōgan: comida portátil para los combatientes
Pequeñas bolitas hechas de arroz remojado, harinas de trigo sarraceno, mijo, soja, ciruelas secas, sésamo, colza, miel y licor. Su bajo contenido de agua lo hacía resistente y calórico, ideal para largas campañas.
Zuiki (cuerda de papa)
Los tallos de papas o taro se trenzaban, cocían en miso y secaban, creando una cuerda que servía tanto para atar armaduras como para comer en caso de emergencia. Con agua y fuego, se podía convertir en una sopa nutritiva.
Cereales de los campesinos
Los agricultores preferían mijo, millet japonés y arroz rojo (dakar), complementados con verduras silvestres y raíces. El arroz rojo, aunque menos sabroso, era barato y abundante.
Conclusión: la era de la abundancia comparada con el Sengoku
Hoy disfrutamos de una gran variedad y abundancia alimentaria, pero los habitantes del Sengoku, pese a sus limitaciones, supieron aprovechar al máximo los recursos disponibles: arroz integral, miso, hyorōgan y cuerda de papa. Su ingenio culinario les permitió sobrevivir y combatir en tiempos de constante conflicto.