Tras la muerte de Iltutmish, la esclava de origen centro‑asiático Razía tomó el poder gracias a su carisma, aunque muchos nobles se mostraron reacios a aceptar a una mujer como sultana. Su intento de consolidar el gobierno fracasó cuando el jefe de Tabarhind, Altunia, se rebeló y, tras capturarla, la obligó a entregarle el ejército.
En medio del caos, el hermano de la harem, Muizuddin Bahram Shah, se proclamó sultán, mientras Altunia intentaba usurpar el trono de Delhi. Ambos fueron derrotados y muertos en 1240, y el cuerpo de Razía fue enterrado en una tumba precaria cerca de la puerta Turkman.
En 1243, los cortesanos asesinaron a Bahram Shah y Balban, uno de los esclavos principales, se proclamó sultán, pero carecía de apoyo. Finalmente, el nieto de Iltutmish, Alauddin, fue liberado de prisión y puesto en el trono, aunque su reinado también fue breve.
En junio de 1246, el vasallo Nasiruddin Mahmud de Bahraich fue nombrado sultán. Según el cronista musulmán Minhaj‑ul‑Siraj, Mahmud combatió en varias campañas contra poblaciones hindúes, budistas y jainistas, y expandió su autoridad en el norte de la India.
Nasiruddin Mahmud y la historiografía de izquierda
Algunos historiadores contemporáneos de orientación izquierdista describen a Nasiruddin Mahmud como un gobernante «noble, generoso y virtuoso». Sin embargo, Minhaj‑ul‑Siraj documenta episodios de violencia extrema cometidos por sus fuerzas, como masacres de aldeas en regiones montañosas y la tortura de prisioneros.
Campañas militares según Minhaj‑ul‑Siraj
El cronista relata que el general Ulugh Khan (Balban) dirigió expediciones contra comunidades hindúes en los Himalayas, donde se ejecutaron decapitaciones y se ofrecieron recompensas por cabezas. También describe la captura de cientos de combatientes y la confiscación de gran cantidad de botines, que fueron depositados en la tesorería real.
En otra incursión, las tropas de Mahmud saquearon aldeas a orillas del Chenab y del Indo, destruyeron templos y los convirtieron en mezquitas, y cometieron actos de violencia contra civiles, incluidos niños y mujeres.
Crítica a la interpretación sesgada
Historiadores como Ashirdilal Srivastava y Harishchandra Varma han sido citados por presentar a Mahmud como un monarca pacífico y benevolente, omitiendo o minimizando los relatos de brutalidad que aparecen en fuentes musulmanas de la época. Esta discrepancia plantea preguntas sobre los intereses y la agenda de ciertos autores al reinterpretar hechos históricos.
Conclusión
El legado de Nasiruddin Mahmud está marcado por una combinación de consolidación política y campañas militares violentas. La manera en que diferentes corrientes historiográficas narran su figura refleja, en parte, la lucha por la interpretación del pasado y la necesidad de equilibrar fuentes contradictorias.