Antecedentes de la agresión japonesa
Desde principios de los años 30, Japón siguió una política expansionista en Asia Oriental: ocupó Manchuria en 1931, bombardeó Shanghái en 1932 y, en 1937, lanzó una invasión a gran escala contra China.
Preocupación británica y esfuerzos diplomáticos
Gran Bretaña, con extensas colonias en el sudeste asiático, observaba con creciente alarma la expansión japonesa. Londres intentó varias negociaciones para frenar la agresión, pero los intentos no prosperaron.
La declaración de guerra
El 8 de diciembre de 1941, un día después del ataque a Pearl Harbor, el Parlamento británico aprobó la declaración de guerra contra Japón. Esta medida formó parte de la declaración conjunta de los Aliados, que también incluía a Estados Unidos, China y los Países Bajos.
Consecuencias inmediatas
La entrada en guerra de Gran Bretaña implicó la movilización de sus fuerzas en el Lejano Oriente. Soldados británicos combatieron a los japoneses en Birmania, la península de Malasia y Singapur, defendiendo sus intereses coloniales y apoyando a sus aliados.