Esta noche comparto un amplio fragmento de la excelente biografía de Antoine Coppolani, Richard Nixon, publicada por Éditions Fayard en octubre. Ya había reseñado otro libro destacado sobre Nixon, de Romain Huret, y la obra monumental de Coppolani (1 200 páginas y 3 500 notas) no contradice los análisis principales de Huret. Aunque el autor se centra en la "gran historia" y reevalúa con rigor y equidad la gestión del presidente, incluye anécdotas impactantes que revelan la dimensión de los golpes ilegales en los que se vio involucrada la Presidencia de EE. UU., tanto bajo Nixon como bajo sus predecesores Kennedy y Johnson.
El escenario de 1972
A principios de 1972, el presidente Richard Nixon terminaba su primer mandato y contemplaba la reelección. Creó una estructura denominada CRP (Committee to Re‑elect the President) para organizar la campaña. A la cabeza de la entidad estaba Jeb Magruder, de 35 años, cercano al secretario general de la Casa Blanca, Haldeman. A su alrededor se encontraban ex‑oficiales de la CIA como Hunt y McCord, y, sobre todo, el ex‑agente del FBI y ex‑fiscal Gordon Liddy, quien se convertiría en el artífice de la trama.
Haldeman describió a Liddy como "un pequeño Hitler, pero al menos un Hitler de nuestro lado", una frase que resume la atmósfera de intimidación y audacia que rodeó a los conspiradores. La reunión de enero de 1972, cuyo relato sigue, es espeluznante: las acciones ilegales que se gestaron allí no sorprenden si se considera que contaron con el conocimiento directo del entonces ministro de Justicia de EE. UU.

Extracto de Richard Nixon, Antoine Coppolani, Fayard, 2012, pp. 846‑849.