La Guerra Civil estadounidense (1861‑1865) provocó una cantidad asombrosa de bajas, tanto mortales como heridas que dejaron secuelas. Diversos factores contribuyeron a ese elevado número:
1. Medicina de campo
La atención médica era primitiva: no existían antibióticos, antisépticos ni transfusiones de sangre. Las heridas menores se infectaban rápidamente y la hemorragia era a menudo fatal. La amputación era la única opción para salvar la vida de muchos soldados heridos en una extremidad.
2. Artillería
Ambos bandos emplearon intensamente la artillería y las nuevas piezas rifladas aumentaron la precisión y el poder destructivo, convirtiendo cada bombardeo en una amenaza letal.
3. Tácticas de infantería
Las maniobras eran a menudo suicidas. Los soldados avanzaban en formaciones compactas directamente contra las líneas enemigas, exponiéndose al fuego de mosquetes y cañones.
4. Tamaño de los ejércitos
Fue uno de los primeros conflictos donde ambas partes movilizaron ejércitos masivos: la Unión contó con más de 2 millones de soldados y la Confederación con más de 1 millón. La gran cantidad de tropas en el campo inevitablemente elevó el número de víctimas.
5. Motivaciones políticas
La guerra se libró por profundas convicciones ideológicas y políticas, lo que impulsó a los combatientes a luchar con una determinación que a menudo superaba el temor a la muerte.
En conjunto, estos elementos explican por qué la Guerra Civil estadounidense es uno de los conflictos más mortíferos de la historia de Estados Unidos.