La idea de que Inglaterra tenía una predilección especial por sus colonias del norte no está respaldada por la historia. Cada región de América del Norte aportó a la corona británica beneficios económicos, estratégicos y políticos, aunque su importancia variaba según el periodo.
1. Valor económico
Las colonias del sur, como Virginia y Maryland, eran altamente apreciadas por sus cultivos de mercado – tabaco y algodón – que generaban grandes ingresos mediante el comercio y los impuestos.
Las colonias del centro, entre ellas Pensilvania y Nueva York, funcionaban como centros comerciales y agrícolas, suministrando granos, ganado y pieles.
2. Ubicación estratégica
Aunque el clima del norte era menos propicio para la agricultura, su posición a lo largo de la costa atlántica ofrecía ventajas para el comercio, la construcción naval y la pesca.
Puertos como Boston y Salem se convirtieron en nodos clave de rutas marítimas internacionales.
3. Libertad política y religiosa
Muchas colonias del norte fueron fundadas por grupos que buscaban libertad religiosa, como los puritanos en Massachusetts y los cuáqueros en Pensilvania. Inglaterra les concedió cierta autonomía en asuntos eclesiásticos y de gobierno local, atrayendo a una población diversa.
Los sistemas políticos desarrollados allí – asambleas electas y reuniones de pueblo – sentaron bases democráticas que influirían en la futura nación estadounidense.
En conclusión, Inglaterra valoró todas sus colonias norteamericanas por distintas razones; no existen pruebas de una preferencia exclusiva por las del norte. Cada zona aportó contribuciones únicas al proyecto de colonización británica.