Contexto histórico
En el último tercio del siglo XIX, los aislacionistas estadounidenses se mostraron, en general, contrarios a la idea de anexar nuevos territorios.
Consideraban que el país debía centrarse en su desarrollo interno y evitar involucrarse en conflictos extranjeros.
Argumentos principales
Los aislacionistas sostenían que la adquisición de tierras incrementaría el riesgo de guerras y provocaría un mayor gasto gubernamental.
Además, creían que Estados Unidos no tenía la obligación de expandirse y que hacerlo vulneraría el principio de autodeterminación de los pueblos.
Realidad de la época
A pesar de esta oposición, Estados Unidos incorporó varios territorios a finales del siglo XIX, entre ellos Hawai, Puerto Rico y Filipinas.
Estas anexiones se justificaron frecuentemente bajo pretextos de seguridad nacional o intereses económicos.