Los pueblos originarios de distintas regiones desarrollaron prácticas de higiene adaptadas a su entorno y cultura. A continuación se describen las más habituales.
Baños y fuentes de agua
Ríos, lagos y mares: Muchas comunidades vivían cerca de cuerpos de agua y los utilizaban para bañarse, lavar ropa y realizar rituales de limpieza.
Rituales tradicionales: El acto de bañarse podía estar vinculado a ceremonias espirituales, medicinales o de paso a la adultez.
Limpiadores naturales
Plantas con propiedades detergentes: Se empleaban hojas, raíces o frutos que al frotarse con agua producían espuma, funcionando como jabón natural.
Mezclas de ceniza y arcilla: Estas combinaciones se usaban para lavar el cuerpo y la ropa, aprovechando sus cualidades abrasivas y absorbentes.
Higiene y letrinas
Excavación de hoyos: En ausencia de instalaciones modernas, se cavaban fosas temporales que se tapaban después de su uso para evitar la contaminación.
Materiales orgánicos: Hojas, hierbas y otros vegetales servían para limpiarse después de usar el baño.
Prácticas culturales
Creencias y tabúes: Cada cultura tenía normas específicas sobre la higiene, la menstruación y otros cuidados personales.
Remedios tradicionales: Se recurría a infusiones de hierbas y técnicas de curación para mantener la salud y la limpieza corporal.
Estas costumbres varían enormemente según la zona geográfica y el período histórico; para profundizar en un grupo concreto es recomendable consultar fuentes especializadas.