Introducción
La Segunda Guerra Mundial (1939‑1945) fue el conflicto más mortífero de la historia, con entre 70 y 85 millones de víctimas, mayormente civiles, entre ellas los seis millones de judíos asesinados en el Holocausto.
Contexto y detonantes
El desencadenante inmediato fue la invasión alemana a Polonia el 1 de septiembre de 1939, que obligó a Francia y al Reino Unido a declarar la guerra a Alemania. Sin embargo, el origen del conflicto se remonta a acontecimientos anteriores:
- El Tratado de Versalles: impuesto a Alemania tras la Primera Guerra Mundial, generó humillación y resentimiento, creando el caldo de cultivo para el ascenso de Adolf Hitler y el nazismo.
- El auge del fascismo: ideologías autoritarias que glorificaban al Estado se expandieron en Alemania, Italia y España, alimentando la agresión militar.
- El fracaso de la Sociedad de Naciones: la organización internacional creada para mantener la paz no logró detener la militarización ni las agresiones de los poderes fascistas.
- La crisis de Manchuria (1931) y la guerra italo‑etíope (1935): demostraron la impotencia de la comunidad internacional frente a la expansión territorial.
- El Acuerdo de Múnich (1938): permitió a Alemania anexionar los Sudetes checos, reforzando la confianza de Hitler en su política de apaciguamiento.
- La Guerra Civil española (1936‑1939): sirvió como campo de entrenamiento para tácticas y armamento que luego se usarían en la contienda mundial.
Principales beligerantes
Los bandos se dividieron en los Aliados (Reino Unido, Unión Soviética, Estados Unidos, China y Francia, entre otros) y el Eje (Alemania, Italia y Japón). El conflicto se extendió desde Europa a Asia, África y el Pacífico.
Consecuencias
El final de la guerra en 1945 dejó una profunda transformación global: se fundó la Organización de las Naciones Unidas, se aceleró la descolonización en África y Asia y surgió la Guerra Fría entre EE. UU. y la URSS.