Opresión política
El dominio español estaba centralizado, concentrando todo el poder en manos de unos pocos funcionarios en Lima. La población peruana no tenía participación real en el gobierno.
Muchos de esos funcionarios eran corruptos y abusivos, imponiendo altos impuestos y explotando los recursos naturales en beneficio propio.
Explotación económica
La economía peruana estaba diseñada para servir a España; la mayor parte de las ganancias de la minería, la agricultura y el comercio regresaban a Europa.
Los peruanos eran obligados a trabajar en minas y haciendas bajo condiciones duras y peligrosas.
Discriminación social
Los españoles consideraban a los peruanos como ciudadanos de segunda clase, negándoles acceso a la educación, la salud y otros servicios básicos.
El matrimonio mixto estaba prohibido y los peruanos no podían ocupar cargos de alto nivel en el gobierno ni en la Iglesia.
Inspiración de otras revoluciones
Los éxitos de las revoluciones estadounidense y francesa motivaron a los peruanos a creer que también podían derrocar al poder colonial.
Las ideas de la Ilustración —libertad, igualdad y democracia— alimentaron el deseo de independencia.