Palestina en el Imperio Romano
La zona que hoy conocemos como Palestina formó parte del Imperio Romano entre el 63 a.C. y el 324 d.C. En ese tiempo se llamaba Provincia de Judea y se situaba en la esquina sureste del imperio, limitando al norte con Siria, al sur con Arabia y al oeste con Egipto.
Extensión y capital
La provincia incluía Judea y Samaria, así como partes de Galilea y Perea. Su capital era Jerusalén.
Administración romana
El Imperio estaba dividido en provincias gobernadas por un gobernador designado por el emperador. Inicialmente Judea estuvo bajo la autoridad de un prefecto y, más tarde, de un procurador. La administración romana se encargaba de mantener el orden y recaudar impuestos, aunque la provincia gozaba de cierta autonomía, con sus propias leyes y tribunales locales.
Conflictos y cambios sociales
Durante el dominio romano la población judía se dividió entre quienes apoyaban el régimen y quienes lo rechazaban. Se produjeron varias revueltas, la más destacada la Gran Revuelta (66‑73 d.C.), que culminó con la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén.
Desarrollo cultural y religioso
A pesar de la turbulencia, el periodo romano fue testigo de un florecimiento cultural judío: se compiló el Talmud, texto central del derecho y la tradición judía. Asimismo, surgió el cristianismo; Jesús de Nazaret nació y fue crucificado en Palestina.
Transición bizantina y fin del dominio romano
Tras la división del Imperio en Oriente y Occidente, Palestina quedó bajo el control del Imperio Bizantino (el Imperio Romano de Oriente) hasta la conquista árabe del califato Rashidun en el siglo VII.