Una vida entre dos continentes
La experiencia militar que San Martín adquirió en la península, combatiendo a los franceses durante la Guerra de Independencia, le otorgó la legitimidad para encabezar a los rebeldes contra el último baluarte español en Sudamérica: el Virreinato del Perú. Las guerras de independencia americanas fueron protagonizadas mayoritariamente por criollos, descendientes de españoles que representaban entre el 10 % y el 15 % de la población. No fueron los mestizos ni los indígenas los que lideraron los ejércitos, sino la élite terrateniente y comercial que buscaba heredar los privilegios monopolizados por los peninsulares.
San Martín proclama la independencia del Perú en 1821, Juan Lepiani
Orígenes y formación
José de San Martín nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, actual Argentina, en una familia con tradición militar. Su padre, hidalgo español, era capitán y asistente principal de la Asamblea de Infantería de Buenos Aires y, en 1774, fue nombrado teniente gobernador del departamento de Yapeyú, una misión jesuita en la ribera del Uruguay. Su madre, Gregoria Matorras del Ser, también era española y pertenecía a una familia prominente.
En 1784 la familia se trasladó a España, donde el joven ingresó, a los once años, como cadete en el Regimiento de Murcia, alegando ser hijo de capitán. Participó en campañas contra los moros en Melilla y Orán, en la Guerra de la Independencia contra los franceses en los Pirineos y en la Guerra de la Independencia contra Portugal (Guerra de las Oranges, 1802). También sirvió en la fragata Santa Dorotea, donde tuvo la oportunidad de conocer a Napoleón en Toulón, experiencia que alimentó su admiración por el genio militar corsario.
Ascenso en el ejército español
En 1804 fue ascendido a segundo capitán y, tras pasar al batallón de voluntarios del Campo Mayor en Cádiz, conoció al general Francisco María Solano Ortiz de Rosas, marqués de Socorro, otro criollo liberal. Ambos compartían la visión de que la España peninsular estaba al borde del colapso en sus territorios americanos.
Durante la invasión napoleónica, San Martín participó en la batalla de Bailén (19 jul 1808), la primera gran derrota francesa, y fue ascendido a teniente coronel de caballería. Más tarde luchó en la batalla de La Albuera bajo el mando del general inglés William Carr Beresford, lo que le acercó a círculos liberales británicos que más tarde influirían en la independencia americana.
La rendición de Bailén – Museo del Prado
El salto a América
Los levantamientos de Caracas y Buenos Aires en 1810 convencieron a San Martín de regresar a su tierra natal. A diferencia de lo que relatan algunos biógrafos, su motivación no era patriótica, sino una combinación de liberalismo y oportunidades personales. En 1812 solicitó el alta del ejército español bajo el pretexto de atender “asuntos familiares en Lima”.
El 12 de septiembre de 1813 se casó con María de los Remedios Escalada, hija de una familia aristocrática porteña. Su familia lo apodó “el andaluz” por su acento y su afición a la guitarra. Ese mismo año ingresó al ejército rebelde al frente de los Granaderos a Caballo, logrando la victoria en San Lorenzo y evitando el desembarco realista.
Campañas en Chile y Perú
Con un ejército de unos 42 000 hombres, el virrey José de Abascal había sofocado cualquier intento de rebelión en el Virreinato del Perú. Para derrotarlo fueron necesarias la alianza con Simón Bolívar y la experiencia de San Martín, adquirida en Bailén. Aplicó sus conocimientos de guerra de montaña en la famosa travesía de los Andes, culminando con la batalla de Chacabuco (12 oct 1818) y la liberación de Santiago de Chile tres días después.
Posteriormente, cruzó el Pacífico y, el 6 jul 1821, tomó Lima proclamándose Protector del Perú. Expulsó a los españoles antiindependientes, confiscó sus propiedades y estableció libertades de comercio y prensa, aunque mantuvo el catolicismo como única religión oficial.
Visión política y el encuentro de Guayaquil
San Martín aspiraba a una monarquía constitucional para el Perú, preferiblemente encabezada por un príncipe europeo, pues consideraba que la vasta geografía y la escasa educación de la población hacían inviable una república. Esta postura generó tensiones con los republicanos y con Bolívar. En la famosa reunión de Guayaquil (26 jul 1822), Bolívar dejó claro que no aceptaría la presencia de San Martín en Perú a menos que éste se retirara.
Exilio y legado
Ante la imposibilidad de reconciliar sus ideas con las de Bolívar, San Martín renunció a todos sus cargos el 20 sept 1822 y, tras la muerte de su esposa en 1823, partió a Europa. Se estableció en Francia, donde vivió con el apoyo del financiero español Alejandro Aguado hasta su muerte en 1850.
Su figura quedó envuelta en mitos: el “soldado andaluz” que, con la disciplina de un oficial español, lideró la independencia del sur del continente, pero cuya visión política liberal‑monárquica chocó con la corriente republicana que prevaleció. Sus restos fueron repatriados a Argentina en 1880, consolidando su estatus de héroe nacional.
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