Introducción
Una crónica olvidada que conmemora el 480.º aniversario de la capital peruana. Si Hollywood relatara este episodio, probablemente existirían decenas de películas bajo el título La batalla de los cinco presidentes. Entre el 13 y el 15 de enero de 1881, el monitor Huáscar bombardeó el Morro Solar, Barranco y Chorrillos, y se enfrentó a la batería Alfonso Ugarte, instalada donde hoy se ubica Larcomar.
Los trenes de la guerra
Aunque suene a guión de cine, en las arenas de San Juan y en las trincheras de Miraflores combatieron cuatro peruanos que, años después, llegarían a la Presidencia de la República. Nicolás de Piérola, que había derrocado a Mariano Ignacio Prado, se proclamó dictador. Los otros tres, oficiales del ejército, lucharon contra el invasor.
Miguel Iglesias defendió el cerro Santa Teresa y Marcavilca. Andrés A. Cáceres, jefe del I Cuerpo, combatió desde la madrugada del 13 de enero de 1881 en la zona donde hoy están la estación Atocongo y el cementerio de la Policía Nacional; al mediodía, al verse superado, retiró sus tropas hacia el Morro Solar. Allí la defensa fue tan férrea que fuentes chilenas consideran a Chorrillos una batalla independiente.
En el Morro Solar quedó la placa de bronce donde se instaló un cañón Rodman de 500 lb, manejado por el teniente chileno David León. El fuerte resistió los ataques de los batallones Melipilla y Coquimbo, aunque fue asediado por el Huáscar, ya reparado tras la captura en Angamos. En la cúspide cayó el mayor Alejandro Iglesias, que no vivió para ver a su padre convertirse en presidente chileno de ocupación.

Saqueos y destrucción
En la misma contienda, Guillermo Billinghurst, entonces jefe del Estado Mayor del Ejército del Norte, fue tomado prisionero. Según Jorge Basadre, Iglesias, Billinghurst y otros altos oficiales fueron alineados frente a una pared para ser fusilados; el sargento a cargo comprendió que valían más vivos que muertos y detuvo la ejecución.
Sin embargo, no todos tuvieron la misma suerte. Durante la tarde y la noche, tropas chilenas, ajenas al mando de sus oficiales, incendiaron los balnearios de Chorrillos y Barranco en busca de botín. Fincas de la aristocracia limeña y de comerciantes extranjeros fueron saqueadas, sus ocupantes asesinados o acosados. En el Parque San Pedro se ejecutó a miembros del grupo garibaldino que aún opera en Chorrillos; entre ellos, el joven de 17 años Luca Chiape.
Los vecinos armados, apoyados por los restos del ejército regular, formaron la milicia ciudadana en los rediles de Miraflores. Entre ellos estaban los estudiantes del Colegio Guadalupe, apodados “Los Cabitos”. Uno de ellos, Manuel Bonilla, de apenas 15 años, murió al intentar reponer municiones cuando una granada explotó cerca del Redil No 3 (actual Base Aérea Las Palmas). Otro vecino fue Augusto B. Leguía, entonces sargento de una compañía de voluntarios civiles; sobrevivió para ejercer la Presidencia en dos oportunidades, la última durante el Oncenio (1919‑1930).

El “Mago” Cáceres
Entre los últimos restos del ejército regular, el coronel Andrés A. Cáceres comandó los rediles 1 y 2, al frente de los batallones Zepita y Ayacucho, reconocibles por sus uniformes blancos y cuellos celestes. La tradición cuenta que Cáceres lideró una carga de bayoneta que capturó cuatro cañones enemigos, pero resultó herido en la pierna y tuvo que ser evacuado.
Después de pasar cuatro meses oculto en un convento para recuperarse, emprendió el camino a Chosica y dio inicio a la campaña de la Breña. Durante más de un año derrotó a cinco expediciones chilenas, ganándose el apodo de “Mago de los Andes” y consolidando su reputación de nunca rendirse. Ese prestigio lo llevó a la Presidencia (1886‑1890).

Conclusión
Sin haberlo planeado, cinco hombres que combatieron en San Juan, Chorrillos, Barranco y Miraflores llegaron a ocupar la máxima autoridad del país. La historia de la batalla que forjó a estos futuros presidentes permanece, increíblemente, casi en el olvido.