En la década de 1930 la llegada de inmigrantes a Estados Unidos se redujo drásticamente. Este descenso se debió a una combinación de factores económicos, políticos y sociales que transformaron la política migratoria del país.
Depresión económica
La Gran Depresión provocó un colapso del mercado laboral y un aumento masivo del desempleo. Ante la escasez de puestos de trabajo, el gobierno estadounidense redujo los cupos de inmigración para evitar una mayor competencia entre los trabajadores locales.
Nativismo y xenofobia
La crisis económica alimentó sentimientos nativistas. Muchos estadounidenses comenzaron a considerar que los recursos y empleos debían reservarse para los nacidos en el país, lo que incrementó la hostilidad hacia los recién llegados y la presión para limitar la inmigración.
Ley de Inmigración de 1924 (Johnson‑Reed)
Esta normativa estableció cuotas estrictas basadas en el origen nacional de la población estadounidense en 1890. Favoreció a inmigrantes de Europa del Norte y Occidental y restringió severamente la entrada de personas procedentes de Europa del Este, del Sur y de otras regiones.
Inestabilidad política y la Segunda Guerra Mundial
El ascenso de regímenes totalitarios y el estallido de la Segunda Guerra Mundial en Europa generaron caos geopolítico. Muchos países estaban concentrados en sus conflictos internos, lo que limitó su capacidad y voluntad de facilitar la emigración hacia EE. UU.
Cambios en la legislación migratoria
En 1934 se aprobó la Ley de Inmigración y Nacionalidad, que exigía la obtención de visados antes de entrar al país. Esta capa adicional de burocracia hizo el proceso migratorio más complejo y costoso, contribuyendo al descenso de los flujos migratorios.
En conjunto, la combinación de una economía devastada, actitudes nativistas, cuotas restrictivas y nuevas barreras legales explican por qué la inmigración a Estados Unidos disminuyó notablemente durante los años treinta.