Contrario a la creencia popular, no existió un pasaje secreto ni una ruta organizada similar al ferrocarril subterráneo que trasladara esclavos del sur a Canadá.
Canadá se convirtió en un refugio para los esclavos fugitivos, pero su llegada dependía de los propios esfuerzos de los fugitivos y del apoyo puntual de personas solidarias y grupos abolicionistas que los asistían en el camino.
Estos aliados proporcionaban alimentos, refugio y guía, pero no había una infraestructura centralizada ni un nombre específico para una ruta secreta.