El Segundo Imperio, encabezado por Napoleón III entre el 2 de diciembre de 1852 y el 4 de septiembre de 1870, sustituyó a la efímera Segunda República. Fue una época de gran crecimiento económico –industrial, financiero y bancario– que dio origen a una nueva clase obrera. Tras una fase autoritaria y la represión de la oposición, el régimen se fue liberalizando. A pesar de éxitos militares y diplomáticos (Guerra de Crimea, campaña italiana), el fracaso de la expedición a México y la derrota ante Prusia en 1870 provocaron su colapso.
Louis‑Napoleón, Príncipe‑Presidente de la Segunda República
El 4 de noviembre de 1848 la joven Segunda República aprobó una Constitución que otorgaba el poder ejecutivo a un presidente elegido por sufragio universal y el legislativo a la Asamblea Nacional. Las elecciones presidenciales, previstas para el 10 y 11 de diciembre, coincidieron con la candidatura del príncipe Luis Napoleón Bonaparte, sobrino del emperador Napoleón I, que buscaba regresar a la vida política.
Los votantes republicanos estaban divididos entre Cavaignac (moderados), Ledru‑Rollin (republicanos de izquierda), Raspail (socialistas revolucionarios) y Lamartine, cuya popularidad se había desplomado. Los candidatos más conservadores obtuvieron el apoyo mayoritario y Louis‑Napoleón Bonaparte resultó ganador con casi tres cuartas partes del voto el 20 de diciembre de 1848. Su programa incluía amnistía para los condenados políticamente, reducción de impuestos y del servicio militar, obras públicas para combatir el desempleo, medidas de bienestar social y reformas laborales.
Con el respaldo de campesinos, parte del proletariado y el Partido del Orden, el presidente empezó a adoptar una postura autoritaria que sofocó temporalmente las aspiraciones republicanas.
El nacimiento del Segundo Imperio
A finales de 1851, incapaz de conseguir una reforma constitucional que le permitiera la reelección, Luis‑Napoleón organizó un golpe de Estado el 2 de diciembre. Se presentó como salvador de la nación, apeló al voto popular y se amparó en los símbolos de la Revolución Francesa y de Napoleón I. El plebiscito del 21 de diciembre aprobó la nueva Constitución, que lo nombró "emperador de los franceses".
La Constitución de 1852 mantuvo la esencia de la de 1795: el presidente, ahora emperador, sería elegido por diez años y gobernaría a través de ministros leales, un Consejo de Estado de 50 miembros y un Senado que controlaría la constitucionalidad de las leyes. El Parlamento, reducido a una Cámara de Diputados de 260‑290 miembros, solo se reunía tres meses al año y carecía de poder real sobre el presupuesto.
El Imperio autoritario
En las provincias, los prefectos, reforzados con amplios poderes, aseguraron la obediencia al emperador, apoyados por una burocracia que pasó de 120.000 funcionarios en 1851 a 265.000 al final del Imperio. En las elecciones de 1852, solo ocho diputados se opusieron, y en 1857 apenas doce. El régimen utilizó una legislación represiva –ley de seguridad general de 1858– para perseguir a izquierdas, obreros y republicanos.
El Imperio también se apoyó en la Iglesia católica: el número de congregaciones pasó de 4.000 en 1851 a 18.000 diez años después, y el clero se alineó con el poder.
Ideas napoleónicas
Napoleón III se presentaba como heredero de la Revolución, aunque buscaba combinar autoridad con libertad. Su política exterior intentó restaurar la grandeza francesa: participación en la Guerra de Crimea (1854‑1855) junto a Gran Bretaña, apoyo a la unificación italiana (1859) y expansión colonial en Cochinchina, Camboya y Senegal entre 1859 y 1867.
En el plano interno, concedió el derecho de huelga (1864), abrió negociaciones sobre el presupuesto (1861) y, en 1860, firmó tratados de libre comercio con Inglaterra y otros países europeos.
El Imperio de los negocios
La economía del Imperio fue modernizadora. La agricultura prosperó gracias al alza de los precios mundiales. Se impulsó la banca: el Crédit Mobilier (1852) financió ferrocarriles y la Compagnie Générale Transatlantique; tras su colapso, surgieron Crédit Lyonnais (1863), Société Générale (1864) y Banque des Pays‑Bas (antecesora de Paribas).
Para 1870 la red ferroviaria alcanzó 17.000 km, favoreciendo la industria pesada, que crecía a más del 6 % anual. Sin embargo, a partir de 1865 se observó una desaceleración del crecimiento.
La transformación de París
París era una ciudad insalubre a principios del siglo XIX. En 1853, el barón Haussmann, nombrado prefecto del Sena, llevó a cabo una remodelación monumental: amplios bulevares, parques (Bois de Boulogne, Bois de Vincennes), ampliación de la red de alcantarillado (de 200 a 600 km) y suministro de agua desde la Marne y el Dhuys. La población pasó de 600.000 en 1801 a casi 2 millones en 1860, tras la anexión de los suburbios.
Los últimos años y la caída
A mediados de la década de 1860 surgieron tensiones políticas: en 1863 la oposición obtuvo 2 millones de votos; en 1864 Thiers volvió al Parlamento reclamando libertades de prensa y asamblea. En 1867 se restauró el derecho de interpelación y en 1868 se relajó la censura.
Las derrotas en Italia, el fracaso de la expedición a México y el ascenso de la unificación alemana dejaron al Imperio debilitado. En 1869 el gobierno obtuvo solo 4,4 millones de votos frente a 3,3 millones de la oposición. Se aprobó una serie de reformas liberales y, el 8 de mayo de 1870, un plebiscito confirmó con 7,3 millones de votos a favor la voluntad de Napoleón III de seguir adelante.
Sin embargo, la guerra contra Prusia (julio‑septiembre de 1870) resultó desastrosa: la derrota en Sedan el 1 de septiembre y la captura del emperador provocaron la proclamación de la Tercera República y el fin del Segundo Imperio.
Legado
El Segundo Imperio dejó una mezcla de autoritarismo y liberalismo, una economía modernizada, una infraestructura urbana (sobre todo en París) y una tradición política que ni se alineó completamente con la derecha ni con la izquierda. Su herencia influyó en la evolución de la vida política francesa hasta el siglo XX.
Bibliografía
- El Segundo Imperio, de Pierre Miquel. Tempus, 2008.
- Hicieron y deshicieron el Segundo Imperio, de Eric Anceau. Tallandier, 2019.
- Historia del Segundo Imperio, de Gérard Unger. Perrin, 2018.