
Contexto histórico
El Imperio romano pasó por varias dinastías, iniciando con la Julio‑Claudia, cuyos nombres provienen de las familias Julia y Claudia que ocuparon el trono. En ocasiones se menciona una "dinastía Severa" para referirse al periodo de los emperadores Septimio Severo y sus descendientes.
Macrino: el emperador de un solo año
Tras el asesinato del emperador Caracalla durante la campaña contra Partia, el poder quedó vacante. La Guardia pretoriana, que había participado en el asesinato, eligió a su secretario, Macrino, como nuevo Augusto. Algunos historiadores sospechan que Macrino pudo haber conspirado para lograrlo.
Macrino, nacido en la provincia africana de Mauritania, es notable por ser el primer emperador de origen moro y el primero que no provenía del Senado, marcando la transición hacia los emperadores de origen militar.
Relación con el Senado
A diferencia de muchos predecesores, Macrino intentó presentarse como respetuoso del Senado, prometiendo seguir la política de Marco Aurelio. Sin embargo, la falta de apoyo real del cuerpo senatorial reflejaba la creciente preponderancia del ejército en la política imperial, similar a la situación que vivió el Imperio japonés bajo el dominio militar.
La paz con Partia y la pérdida de Mesopotamia
Para detener la guerra con Partia, Macrino firmó un tratado que obligó a Roma a retirar sus legiones de Mesopotamia, una provincia conquistada con gran esfuerzo por los emperadores Marco Aurelio y Septimio Severo. Esta decisión fue recibida con ira tanto por el Senado como por los soldados, quienes consideraban inaceptable abandonar territorio sin una victoria.


Descontento militar y asesinato
El descontento de las legiones fue el motor de la caída de Macrino. Los soldados, que lo habían puesto en el trono, lo acusaron de abandonar la gloria de Roma y de traicionar sus intereses. Apoyaron al joven Severo, conocido como Elagábalo, nieto de Julia Maesa, hermana de la madre de Caracalla.
Macrino intentó huir, pero fue capturado y ejecutado poco después. Su reinado duró apenas un año, marcando el inicio de la llamada "Crisis del siglo III", un periodo de inestabilidad política y militar para el Imperio.