Historia de Europa

La Ley de Separación de Iglesia y Estado de 1905

La Ley de Separación de Iglesia y Estado de 1905 La Ley de Separación de Iglesia y Estado del 9 de diciembre de 1905 puso fin al régimen del Concordato de 1801 que vinculaba a la Iglesia católica con el Estado francés. Basada en la tradición republicana, la idea de separar la Iglesia católica del Estado ya había sido proclamada por los revolucionarios el 21 de febrero de 1795. Durante el siglo XIX se desarrolló un largo proceso de secularización de la sociedad y del Estado, que culminó con la votación de la ley de 1905. Conocer la historia de esta normativa decisiva ayuda a entender este principio filosófico‑político, hoy constitucional, garante de la igualdad republicana.

La primera separación de Iglesia y Estado (1795)

La Ley de Separación de Iglesia y Estado de 1905 Sin entrar en los orígenes profundos del secularismo (que se remontan mucho antes de la Ilustración), conviene recordar un hecho a menudo pasado por alto: la primera ley de separación entre Iglesia y Estado, incluida en la Constitución del Año III (1795): "Nadie podrá ser impedido de ejercer, conforme a la ley, el culto que haya elegido. Nadie podrá ser obligado a contribuir a los gastos de un culto. La República no emplea ni subvenciona a ninguno de ellos".

El contexto era, obviamente, la Revolución y la gran tensión que se vivía en Francia, en parte a causa de la Constitución Civil del Clero (1790) y del papel de algunos miembros del clero en la contrarrevolución, cuyo peso se había vuelto asfixiante para la sociedad. Francia atravesó un periodo de fuerte anticlericalismo y dechristianización, que alcanzó su punto máximo en los años 1793‑1794. La decisión de 1795, destinada a calmar las tensiones, no logró su objetivo y el intento de secularizar el Estado terminó en 1801 con el Concordato firmado entre Bonaparte y la Iglesia católica.

Una primera etapa secular republicana: la escuela (1882)

Durante el siglo XIX, tras el Concordato de 1801 que reguló la relación entre la Santa Sede y la Iglesia francesa, se instauró un largo proceso de secularización de la sociedad y del Estado. En 1830, el católico Lamennais ya pedía la separación en nombre de la libertad religiosa: "Nosotros, católicos, demandamos la total separación de la Iglesia y el Estado".

Las relaciones entre Iglesia y Estado siguieron siendo tensas a lo largo del siglo XIX, y la llegada de la República no hizo más que intensificar el debate, pues los republicanos no abandonaron la idea del laicismo, sino que la reforzaron. La secularización se manifestó con la ley de 1880 que abolió el descanso dominical, con la legalización del divorcio en 1884 y, sobre todo, con la escuela, espacio donde debía formarse al ciudadano y garantizarse la igualdad. La ley del 28 de marzo de 1882 impuso, entre otras cosas, la neutralidad de los colegios públicos y la supresión de la enseñanza religiosa (permitida solo fuera del horario escolar). Se introdujo la moralidad laica, la universalidad de los valores republicanos y la enseñanza de los derechos y deberes ciudadanos, sustituyendo al catecismo. Los docentes pasaron a ser los famosos "húsares negros de la República".

El contexto de la Tercera República (1890‑1904)

Obviamente, el proceso no transcurrió sin dificultades; la resistencia fue feroz, incluso en Roma, a pesar de la actitud más conciliadora del papa León XIII. Después, la situación se calmó ligeramente y algunos republicanos se mostraron satisfechos con el Concordato. Sin embargo, la crisis de Dreyfus reavivó las tensiones. La Iglesia interpretó el caso Dreyfus como una conspiración de protestantes, judíos y masones; utilizó periódicos como "La Croix" o "Le Pèlerin" y demostró que todavía poseía un poder real.

La Ley de Separación de Iglesia y Estado de 1905 Fue en este clima que la izquierda ganó las elecciones legislativas de 1898. La Ley de asociaciones del 1.º de julio de 1901 pretendía controlar a las congregaciones exigiendo una autorización parlamentaria y una mayor transparencia financiera, bajo la sospecha de que su riqueza podía traducirse en una influencia antirrepública sobre la juventud.

La victoria republicana de 1902 permitió a Émile Combes impulsar una política decididamente anticlerical, que enfureció al papa Pío X. Sin embargo, Combes aún no abogaba por una separación total. Fue la intransigencia papal, que llegó a romper relaciones diplomáticas con Francia, la que empujó a Combes a decidir la separación definitiva en 1904.

La Ley de Separación de Iglesia y Estado (1905)

Aunque la iniciativa no provino directamente de Combes (renunció en enero de 1905 tras el escándalo de los "fichiers"), su legado influyó en la redacción final. El proyecto se basó principalmente en el informe de la Comisión Parlamentaria presidida por François Buisson, líder de la Asociación Nacional de Libre Pensadores y de la Liga de la Enseñanza. El ponente de la comisión, Aristide Briand, defendió una ley de pacificación que resultó difícil de convencer tanto a católicos como a republicanos más radicales.

La Ley de Separación de Iglesia y Estado de 1905 Los debates se extendieron de abril a julio de 1905 y la ley fue promulgada el 9 de diciembre de 1905. Sus principios esenciales son: la independencia recíproca del Estado y la Iglesia; la República garantiza la libre práctica del culto y la libertad de conciencia (artículos 1 y 2); el Estado prohíbe cualquier intervención en asuntos religiosos y no subvenciona a ninguna confesión (artículo 4); la libertad de culto se ejerce respetando el orden público y los derechos individuales (artículo 5). Además, la normativa permite al Estado recuperar los bienes eclesiásticos, ahora gestionados por asociaciones laicas. Jean Jaurès la describió como una ley "justa y sabia".

La reacción de la Iglesia católica fue muy negativa. Desde la promulgación se desataron tensiones, sobre todo en torno a los inventarios de los bienes eclesiásticos. El papa la condenó. Los enfrentamientos, a veces violentos, continuaron incluso después de la Segunda Guerra Mundial; no fue sino hasta finales de los años 1950 y principios de los 1960 que el laicismo pareció ser aceptado por todos. Se consagró como principio constitucional al inicio de la Quinta República (1958) y el Concilio Vaticano II facilitó una verdadera paz entre la República y la Iglesia.

Hoy en día parece que el laicismo, y en especial su traducción legislativa de 1905 (y quizá la de 1882), vuelve a ser cuestionado. Pero eso ya forma parte de la historia en desarrollo.

Bibliografía

- H. Peña‑Ruiz, ¿Qué es el laicismo?, Folio, 2009.

- J. Lalouette, El Estado y los cultos (1789‑1905‑2005), La Découverte, 2005.

- R. Rémond, La invención del laicismo (de 1789 al mañana), Bayard, 2005.

- J. Baubérot, Historia del laicismo en Francia, PUF, 2010.