Historia de Europa

Princesa Palatina (Elisabeth‑Charlotte de Baviera)

Princesa Palatina (Elisabeth‑Charlotte de Baviera)Elisabeth‑Charlotte de Baviera (1652‑1722), conocida como la Princesa Palatina, fue la segunda esposa de Philippe d'Orléans, hermano de Luis XIV. Destacada epistolar, también recibió los apodos de «Madame Europe» y «Cotilleo del Gran Siglo». Gracias a unas 60 000 cartas que mantuvo con Inglaterra, Suecia, Dinamarca, las cortes de Lorena, Saboya y Módena, España, Sicilia y otros lugares, podemos reconstruir su vida, sus alegrías y tristezas, y conocer los usos de la corte de Versalles. Sus escritos, sin pelos en la lengua, son un testimonio valioso de su época.

Charlotte‑Elizabeth de Baviera, una figura codiciada

Nacida en mayo de 1652, Elisabeth‑Charlotte era hija de Carlos Luis, elector del Palatinado. De ahí su sobrenombre de Princesa Palatina. Es ancestro de la mayoría de los príncipes católicos, de María Luisa (segunda esposa de Napoleón I), bisabuela de María Antonieta y de los emperadores José II y Leopoldo II, y descendiente tanto de un rey de Bohemia como de los monarcas de Inglaterra y Escocia. De pequeña era delgada, engordó a los seis años, jugaba con espadas y pistolas, recorría viñedos en su tierra natal y escuchaba cuentos populares. Tras la separación de sus padres, su tía Sofía de Hannover la acogió durante cinco años, enseñándole idiomas, danza, música y redacción.

Princesa Palatina (Elisabeth‑Charlotte de Baviera)A los dieciocho años, cuando su familia empezó a hablar de matrimonio, recibió propuestas de Guillermo de Orange‑Nassau, del príncipe de Dinamarca, del rey de Suecia, del príncipe electo de Brandeburgo y del heredero del ducado polaco de Courland, pero ella deseaba un matrimonio por amor. Gracias a la Princesa Palatina Ana de Gonzaga, se convirtió al catolicismo romano y, en noviembre de 1671, se casó por proxy con el duque de Orléans (un contrato que le cedía a Philippe toda la propiedad de su esposa). Llegó a Francia sola, llorando durante los nueve días de viaje, con un ajuar formado por "un vestido de tafetán azul, una bufanda de sable, seis camisones y el mismo número de vestidos de día".

Al ver a Philippe, de estatura modesta, adornado con anillos, pulseras y piedras preciosas, comentó: "sin ser vil, el caballero era bajo y robusto, de cabello negro, cejas gruesas, ojos oscuros, rostro alargado, nariz prominente y boca pequeña con dientes feos. Sin embargo, su ropa era magnífica". Philippe, por su parte, solo pudo decir: "¿cómo podría dormir con ella?". No era una belleza deslumbrante, pero tampoco fea: rubia, de piel clara, mejillas sonrosadas, ojos azules y buen porte. Formaron una pareja de roles invertidos: él, delicado y coqueto; ella, masculina, robusta y sencilla. La luna de miel de diez días en Villers‑Cotterêts mostró la opulencia de Philippe, quien pronto se dejó conquistar por la fluidez del francés de su esposa.

Princesa Palatina, esposa del hermano del rey

Al principio la convivencia fue armoniosa. Elisabeth‑Charlotte descubrió Saint‑Cloud, que describió como "el lugar más hermoso del mundo", el Palais‑Royal y París (ciudad que detestaría por su ruido y olores). No intervino en los asuntos de Philippe, aunque le irritaba que él utilizara su patrimonio para agasajar a sus amantes.

Sin un hijo varón, Philippe cumplió su deber: Alexandre‑Louis nació en junio de 1673 pero murió a los tres años; luego llegó Philippe, duque de Chartres (futuro regente), en agosto de 1674, y Mademoiselle de Chartres en septiembre de 1676. Desde entonces la pareja duró en habitaciones separadas. Elisabeth‑Charlotte escribió más tarde: "Estaba muy cómoda, pues nunca me agradó la idea de tener hijos. Cuando Su Alteza me hizo la propuesta, acepté con buen corazón, siempre que no me odiara y mantuviera una mínima bondad hacia mí". Philippe, además, le regaló seis galgos para reemplazar la ausencia de un hijo.

Princesa Palatina (Elisabeth‑Charlotte de Baviera)Los diez años siguientes, la llamada Edad de Oro de la música, la literatura y el teatro, fueron el mejor periodo para Elisabeth‑Charlotte: descubrió Versalles, disfrutó de paseos por sus jardines y ganó el aprecio del rey por su franqueza, honradez y ausencia de hipocresía. Compartían gustos, él la invitaba a cazar, al teatro, a la ópera y a los salones. Luis XIV, conquistado por su humor y sentido común, le ofreció su amistad.

A partir de 1680, "la marea cambió". La muerte de su padre y de Ana de Gonzaga, una trama de los mignons para desplazar a Philippe y la destrucción del Palatinado por parte del rey tensaron la relación conyugal. El rey le advirtió: "si no fueras mi cuñada, te habría expulsado de la corte". Philippe se volvió distante; el rey, más serio y piadoso, se irritó con la franqueza de Elisabeth‑Charlotte, que perdió credibilidad ante el ascenso de Madame de Maintenon.

El punto más bajo llegó cuando el rey obligó al duque de Chartres a casarse con Mlle de Blois, su hija ilegítima, para evitar que se dedicara a la guerra. Elisabeth‑Charlotte salió de los salones de Versalles como "una leona a la que le han arrebatado a sus crías". Se sintió sola, deseó entrar al convento y pidió permiso al rey, quien respondió: "Mientras viva, no lo permitiré. Eres Madame, esposa de mi hermano; no puedo permitir que abandones tu posición". Solo su tía Sofía de Hannover le brindó apoyo. Sus cartas se convirtieron en su única salida: describía sus desventuras y los escándalos de la corte, a veces mostradas al rey.

El "cotilleo del Gran Siglo"

Abandonados por el rey, Elisabeth‑Charlotte y Philippe se acercaron más. Philippe, agotado por sus excesos, perdió los estribos ante el rey y sufrió un derrame. El 9 de junio de 1701, Elisabeth‑Charlotte estuvo a punto de ser enviada al convento; dos días después concilió con Madame de Maintenon, aunque la atmósfera siguió tensa.

Princesa Palatina (Elisabeth‑Charlotte de Baviera)Sin el Palacio Real ni Saint‑Cloud, sólo le quedaba el castillo de Montargis y la buena voluntad del rey. Se instaló permanentemente en Versalles, se convirtió en una filósofa y deseó "pasar la vida tranquilamente". Con el paso del tiempo, la presión y el sarcasmo de la corte disminuyeron; mantuvo una buena relación con Luis XIV y Madame de Maintenon. Los últimos años alternaron entre alegría –el nacimiento de un nieto por parte de su hija– y dolor: la muerte de su perro favorito, la enfermedad de su tía Sofía y una grave caída que le torció la rodilla.

Pasó más tiempo en su estudio, tocando la guitarra, ampliando su biblioteca (3 000 volúmenes) y su colección de medallas (964). Leyó a Virgilio, Honoré d'Urfé, Saint‑Evremond y la Biblia; se interesó por la medicina y la ciencia, estudiando insectos con tres microscopios. Sus cartas de veinte páginas no son meros documentos históricos, sino testimonios de la vida cotidiana de su época, "esas pequeñas cosas" que hoy describiríamos como "charlas".

Princesa Palatina, entre melancolía y lucidez

La muerte de su tía Sofía en 1714 la dejó profundamente triste y sin ganas de vivir. Al fallecer el rey, sintió una dolencia real. Entre sus ocupaciones, puso la primera piedra de la iglesia de la Abadía‑aux‑Bois, apoyó a su hijo durante la conspiración de Cellamare y, en 1719, lamentó la muerte de Madame de Maintenon: "La vieja Maintenon está exhausta. Habría sido una gran felicidad que muriera treinta años antes". También celebró la muerte del marqués d'Effiat. Aceptó los tratamientos médicos, pero su salud decayó rápidamente; ya no podía caminar, aunque su mente permanecía aguda. Observó con curiosidad la nueva riqueza parisina generada por la legislación.

Aún asistió a la coronación de Luis XV antes de fallecer. Con valor hasta el final, murió el 8 de diciembre de 1722, coincidiendo con un eclipse solar.

Mathieu Marais comentó: "Perdemos a una buena princesa, cosa rara". Fue una princesa de antaño, defensora de la cortesía, siempre dispuesta a servir a su casa, aunque le costó comprender la evolución de las costumbres durante la Regencia.

Bibliografía

- Madame Palatine, European Princess, de Dirk Van der Cruysse. Fayard, 1988.

- The Palatine Princess, de Christian Bouyer. Pygmalion, 2005.

- The Duke of Orléans: Brother of Louis XIV, de Christian Bouyer. Pygmalion, 2003.

Para profundizar

- Letters from Madame, Duchess of Orléans born Princess Palatine. Mercury of France, 1999.