Historia de Europa

Luisa de Lorena, reina de Francia y esposa de Enrique III

Luisa de Lorena, reina de Francia y esposa de Enrique IIILuisa de Lorena‑Vaudémont fue la última reina de Francia (1575‑1589) en la época de los Valois y la única que descansa en una tumba que lleva su nombre en Saint‑Denis. Su matrimonio con Enrique III no respondió a intereses políticos, sino a una auténtica afinidad. Dulce, bella, sencilla y sin fortuna propia, aliada de Catalina de Médici, encarnó el modelo de reina‑soberana de su tiempo.


Luisa de Lorena, esposa de Enrique III

Tras la muerte de María de Cleves, primer amor del joven rey, Enrique cayó en una profunda melancolía, adoptó ropajes con calaveras y se entregó a procesiones penitentes. Catalina de Médici, preocupada por la falta de un matrimonio útil, le presentó varias candidatas (Juana de España, María Estuardo, Isabel de Navarra, la reina de Inglaterra). Finalmente, el monarca anunció su elección: ¡Luisa de Vaudémont!

Una dama discreta

Nacida en abril de 1553, hija de Nicolás de Mercœur, conde de Vaudémont, Luisa era la mayor de catorce hermanos. Tras la muerte de su madre, Marguerite d’Egmont, quedó bajo la tutela de su madrastra, Jeanne de Savoie‑Nemours, quien la introdujo en la corte de Nancy. De complexión alta, rubia y de belleza delicada, llamó la atención del futuro rey cuando este pasaba por Lorena rumbo a Cracovia. Su modestia y dulzura conquistaron al monarca, que buscaba una esposa francesa, bella y sencilla, para amar y engendrar hijos.

Luisa rechazó dos pretendientes (François de Luxembourg y el conde de Salm) y el rey le ofreció, como alternativa, a su actual amante, la joven dama de Châteauneuf, pero ella mantuvo su decisión.

Un matrimonio sin intereses políticos

El padre de Luisa dio su consentimiento rápidamente y, en menos de un mes, todo estuvo listo: Enrique llegó a Reims el 11 de febrero de 1575, se coronó el 13 y contrajo matrimonio con Luisa el 15 de febrero. La nueva reina irradiaba felicidad y el rey se mostró tiernamente enamorado. Al regresar a París, Luisa se convirtió en reina de Francia.

Luisa de Lorena, reina de Francia y esposa de Enrique IIIDesde entonces, Luisa permaneció constante en su papel: acompañó al rey en ceremonias, festividades y viajes, participó en la creación de la Orden del Espíritu Santo (sus iniciales aparecen en la insignia) y disfrutó de paseos por París, visitas a monasterios, excursiones a la costa normanda y estancias en el castillo de Ollainville, regalado por el monarca. En 1581 se le vio sentada a los pies del rey; en 1587, cuando enfermó de fiebre tertiana, Enrique pasó todo el día a su lado, animándola con palabras de aliento.

A pesar de la existencia de una amante real, Luisa mantuvo su dignidad y discreción, convirtiéndose en la pieza clave que reforzó la unión con Enrique, quien nunca oficializó una relación extramatrimonial.

… pero sin hijos

Desde el inicio del matrimonio, la pareja buscó desesperadamente engendrar un heredero. Participaron en procesiones penitentes, consultaron a pocioneros, recibieron curas termales y el rey realizó peregrinaciones entre 1580 y 1586. Ningún esfuerzo logró romper su esterilidad, y ambos aceptaron, con resignación, que Dios no les concedía descendencia.

Apoyo valioso

Luisa de Lorena, reina de Francia y esposa de Enrique IIICatólica irreprochable, Luisa dedicó gran parte de su tiempo a los pobres, huérfanos y presos. Patrocinó una Maison de Charité en el barrio Mouffetard y financió una lámpara de la Virgen en una intersección de la ciudad. En 1586 concedió pensiones a dos estudiantes para que predicaran en las prisiones de la Conciergerie y del Château de Paris.

Durante la guerra de la Liga, apoyó firmemente a su marido contra la facción de los Guisa, aprobó la detención del duque de Guisa y estuvo a su lado en la entrevista de Plessis‑les‑Tours. El 4 de agosto de 1589 recibió la última carta del rey, herido, pidiéndole que orara por él.

Luto y venganza

Tras la muerte de Enrique, Luisa se retiró a Chenonceau, donde vivió en luto blanco, dedicándose a caminar, bordar, leer vidas de santos y asistir a la misa dominical. Su habitación estaba llena de recuerdos del rey: retrato en la chimenea, antorchas, cordones de viuda. Nunca perdonó a los asesinos del monarca y, tras la condena del prior del convento de Jacques Clément, solicitó al papa la rehabilitación de Enrique III. Finalmente, el pontífice anuló la excomunión y declaró al rey muerto en paz con la Iglesia.

Luisa de Lorena en Saint‑Denis

Los problemas financieros la obligaron a abandonar Chenonceau en 1593; el castillo fue vendido y comprado por su medio hermano, quien lo dejó en usufructo a Luisa, aunque ella prefirió instalarse en el ducado de Bourbonnais, en Moulins. Murió a finales de enero de 1601, tras resfriarse durante una misa en diciembre.

Es la única reina cuyo cuerpo descansa en una tumba que lleva su nombre en la basílica de Saint‑Denis. Inicialmente enterrada en el convento de las Capuchinas del Faubourg Saint‑Honoré, luego trasladada al nuevo convento de Capuchinas cerca de la Place Vendôme, pasó a Père‑Lachaise durante la Revolución y, en 1817, fue trasladada a Saint‑Denis, mientras que los restos de los reyes fueron profanados y depositados en fosas comunes.

Fuentes

- Simone Bertière – *Los años sangrientos: las reinas de Francia en la época de los Valois*.