Desde mediados del siglo XI se produce un cambio radical en la relación de fuerzas entre cristianos y musulmanes en la península ibérica. La desintegración de al‑Ándalus, provocada por la desaparición del Califato de Córdoba, se combina con el auge de la cristiandad europea, que se fortalece y comienza a lanzar ofensivas militares desde el norte.
La «reconquista», concepto cargado de contenido ideológico, se refiere a las campañas cristianas para recuperar los territorios perdidos frente a los musulmanes. Antes de que finalice el siglo XI, la ciudad de Toledo, uno de los centros más importantes de al‑Ándalus desde el siglo VIII, pasó a formar parte de los reinos de Castilla y León. En el este de la península los cristianos también avanzaron, aunque con menor intensidad, pues los musulmanes todavía controlaban el valle del Ebro. La llegada de los almorávides a finales del siglo XI, procedentes del norte de África, frenó el empuje cristiano y unió nuevamente al‑Ándalus bajo una sola autoridad.
Al‑Ándalus, fragmentado en un mosaico de reinos taifa
Tras la caída del Califato de Córdoba, al‑Ándalus se dividió en numerosos reinos independientes, llamados taifas («bandera»). En algunos de ellos predominaban líderes bereberes, en otros familias árabes o muladíes. Estas pequeñas monarquías tuvieron una vida muy breve, poco más de medio siglo, pues fueron conquistadas antes del fin del siglo XI por los almorávides. Entre las taifas más relevantes destacan Zaragoza (gobernada por los Banu Hud), Badajoz (los Aftasíes), Toledo (los Banu Zennún) y, sobre todo, Granada y Sevilla, bajo el dominio de los Ziríes y los Abásidas respectivamente.
Políticamente, los reyes de taifa eran débiles y dependían de los monarcas cristianos, a quienes pagaban tributos a cambio de protección militar. Para mantener sus ejércitos, compuestos mayormente por mercenarios, los gobernantes aumentaban los impuestos, lo que generó descontento entre la población y facilitó la aceptación de la llegada de los almorávides.
Aportaciones culturales
El periodo de las taifas también se caracterizó por un notable florecimiento cultural, impulsado por el mecenazgo de sus gobernantes. Destacaron poetas como al‑Muʿtamid de Sevilla, cuya obra combina elegancia y reflexión, y Abd Allah de Granada, autor de interesantes memorias. En la literatura hebrea sobresale el poeta Salomón ibn Gabirol.
La obra literaria más influyente de la época es, sin duda, El collar de la paloma de Ibn Hazm, un tratado de amor que ejerció gran influencia tanto en el mundo musulmán como, posteriormente, en la cultura cristiana. En historiografía, destaca el Muqtabis de Ibn Hayyán; en geografía, los escritos de al‑ʿUdrí y al‑Bakrī; y en astronomía, los aportes de Azarquiel, inventor del azafea (instrumento que sustituyó al astrolabio) y autor de importantes tablas astronómicas.