Altona, cuya insignia muestra una puerta abierta desde 1664, pasó de ser una humilde aldea de granjeros y pescadores a convertirse en uno de los barrios más trendy de Hamburgo.
Los orígenes de Altona
A mediados del siglo XVII, Altona contaba con apenas 2.500 habitantes: granjas, casas de pescadores y tabernas. El 23 de agosto de 1664 el rey danés Federico III le concedió el derecho de ciudad. Gracias a privilegios inusuales –libertad de movimiento, de religión y de comercio– se transformó rápidamente en uno de los puertos francos más importantes de Europa, lo que supuso una clara ventaja competitiva frente a la vecina Hamburgo.
Los hamburguenses miran con recelo a sus vecinos
Siempre se consideró a la pequeña población al otro lado del muro como una molestia. Una leyenda local habla de una taberna de pescadores, establecida alrededor de 1536 entre la actual Breite Straße y Pepermölenbek, que habría dado nombre al lugar. Para los dirigentes de Hamburgo esa taberna estaba “demasiado cerca” de la frontera.
Altona pertenecía al condado de Pinneberg, bajo la jurisdicción del conde von Schauenburg, lo que impedía a Hamburgo evitar la llegada de agricultores, pescadores y artesanos.
Refugio de religiosos
Desde sus inicios Altona se destacó por su tolerancia religiosa. Protestantes perseguidos de los Países Bajos españoles, menonitas y judíos alemanes y portugueses encontraron asilo allí. El cementerio judío de Königstraße, fundado en 1611, sigue siendo testimonio de esa apertura.
Altona bajo dominio danés
Tras la muerte del último gobernante de Schauenburg en 1640, el rey danés Christian IV ocupó el condado de Pinneberg y, con él, Altona, que pasó a formar parte del Ducado de Holstein bajo soberanía danesa. La ciudad sufrió la ocupación danesa, luego la devastación por las tropas de Wallenstein durante la Guerra de los Treinta Años y, más tarde, los saqueos suecos en 1713.
Aunque la población cayó a 12.000 habitantes en 1710, convirtiéndose en la segunda ciudad danesa más grande después de Copenhague, la situación mejoró tras la concesión de nuevos derechos en 1664: impuestos bajos y precios de alimentos reducidos atrajeron a ciudadanos de Hamburgo.
Los años dorados
En el siglo XVIII, bajo la dirección del presidente Christian Detlev von Reventlow, Altona vivió un auge económico: se ampliaron los muelles, se pavimentaron calles, se construyó el ayuntamiento y el colegio cristiano (hoy Christianeum). La flota local alcanzó unas 300 naves, superando a la de Hamburgo.
Altona se convirtió en un centro de la Ilustración europea. Allí residieron intelectuales como el poeta Friedrich Gottlieb Klopstock, el filántropo Caspar Voigt y el arquitecto Christian Frederik Hansen, que diseñó elegantes villas en la Palmaille y casas de campo a orillas del Elba.
Fin del dominio danés
En el siglo XIX la relación germano-danesa empezó a resentirse. Dinamarca, que había reconocido a Hamburgo como ciudad imperial libre, redujo su apoyo a la “baluarte” del Elba. Las aspiraciones de integrar el Ducado de Schleswig‑Holstein al reino danés provocaron revueltas en 1848, en las que participaron también voluntarios de Altona. El dominio danés concluyó tras la guerra germano‑danesa de 1866, y Altona pasó a ser una localidad prusiana.
Industrialización y arquitectura
La incorporación del vecino Ottensen, con sus fábricas y comercios, marcó la entrada de Altona en la era industrial en 1889. A principios del siglo XX la población superó los 200.000 habitantes, con una densidad de 8.000 personas por km², una de las más altas de Alemania. Para compensar la falta de espacios verdes se inauguraron la exposición hortícola de 1914 y el Volkspark, que ofrecían ocio y naturaleza a los habitantes.
Max Brauer y el "Nuevo Altona"
En los años 20, el senador urbanista Gustav Oelsner impulsó un plan de zonas verdes que transformó a Altona en la "ciudad de los parques del Elba". El alcalde Max Brauer buscó crear un modelo de ciudad moderna, el "Nuevo Altona", diferenciándose de Hamburgo pero reforzando simultáneamente los lazos portuarios entre ambas ciudades.
Altona se incorpora a Hamburgo
En 1937 Altona perdió su autonomía y pasó a ser distrito de Hamburgo. La Segunda Guerra Mundial destruyó gran parte del casco histórico entre el mercado de pescado y el ayuntamiento, así como teatros y iglesias.
Altona hoy: un distrito en transición
Tras la crisis de la construcción naval y la pesca de altura a finales de los años 70, Altona experimentó una profunda reconfiguración. Hoy es un barrio vibrante, con iniciativas como la "Neue Mitte", un nuevo núcleo urbano en la antigua zona ferroviaria que albergará miles de viviendas, y eventos culturales como el Altonale.