Historia de Europa

Impuestos medievales: ¿Y ahora nos quejamos del IRPF o del IVA?

Introducción

Cuando llega la época de presentar la declaración de la renta, los calculadores se calientan, la web de la Agencia tributaria se cae, las oficinas de Hacienda parecen taquillas de la final de la Champions y los asesores están de vacaciones. Nos preguntamos cómo lograr que la declaración salga a nuestro favor. Si hoy nos quejamos del IRPF o del IVA, nuestros antepasados del Medievo tenían motivos mucho mayores para protestar, pues los tributos recaían casi exclusivamente sobre la población y beneficiaban al rey, la nobleza y el clero.

Impuestos medievales: ¿Y ahora nos quejamos del IRPF o del IVA?

Algunos impuestos medievales

  • Alfarda: pago por el uso del agua (zanjas, canalizaciones…).
  • Herbaz: pago por el uso de los pastos.
  • Montezgo: impuesto sobre el ganado y por el tránsito que hacían por cualquier territorio a favor del rey.
  • Décima (diezmo): diez por ciento de la cosecha que la Iglesia recaudaba para sostener al clero.
  • Alhondigaje: impuesto por el depósito de mercancías.
  • Abadía o luto: derecho que los sacerdotes tenían a cobrar, al fallecer un feligrés, una parte de sus bienes.
  • Alcabala: impuesto castellano gravado sobre la venta de mercancías. Su recaudación se hacía mediante arrendamiento o a través de los ayuntamientos, que recibían a cambio una compensación del monarca.
  • Cuatropea: impuesto sobre la venta de ganado.
  • Banalidades: pago en especie por el uso de las “facilidades” del señor, como el molino o el horno.
  • Regalías reales: ingresos que la Iglesia entregaba a la Corona, equivalentes a dos novenos de los diezmos eclesiásticos.
  • Terrado: renta que el arrendatario pagaba al señor de la tierra que trabajaba.
  • Exención: impuesto introducido por Felipe II que gravaba una hacienda seleccionada por la Corona; el propietario debía pagar al rey los diezmos que la hacienda debía a la Iglesia, quedando “exento” de pagárselos a ella.
  • Primicias: parte (1/40 o 1/60) de los primeros frutos de la tierra y del ganado que se entregaba a la Iglesia.
  • Portazgo: tributo cobrado en las puertas de las ciudades y pueblos por la mercancía que los foráneos introducían para vender.
  • Pontazgo: similar al portazgo, pero se pagaba al cruzar puentes.
  • Sisa (armholes): impuesto indirecto aplicado en Aragón y luego en Castilla, consistía en descontar al comprar productos básicos (pan, carne, vino, harina…) una cantidad que se quedaba el señor; era muy impopular.
  • Millones: impuesto extraordinario aprobado por las Cortes de Castilla; los ingresos se destinaban a un gasto concreto (el primero, a Felipe II en 1590, para reponer las pérdidas de la Armada Invencible).
  • Sextaferia: obligación vecinal de reparar caminos, prestada los viernes en determinados periodos; era un tributo en forma de trabajo.
  • Fonsadera: impuesto destinado a financiar los gastos de guerra del rey.
  • Cena real: tributo que obligaba a hospedar y alimentar al monarca y su comitiva durante sus viajes; cuando la Corte se instaló permanentemente en una ciudad, se transformó en pago en efectivo (cena de ausencia).
  • Chapín de la reina o servicio nupcial: cobro ocasional a la población para sufragar los gastos de los matrimonios reales.
  • Almojarifazgo: impuesto aduanero que gravaba la entrada, salida o tránsito de mercancías entre los puertos del reino, similar a los aranceles actuales.
  • Infusación: tributo que el señor exigía por la parcela de casas o terrenos.

Conclusión

Todos esos gravámenes medievales eran, en su mayor parte, indirectos: se aplicaban sin tener en cuenta la capacidad económica del contribuyente y recaían sobre la producción, el comercio o el consumo. Con la Revolución Francesa la mayoría desapareció y la nobleza empezó a pagar el Tesoro público, aunque campesinos y artesanos nunca llegaron a disfrutar de un sistema tributario justo.