Un sueño de verano que empezó con 800 personas
En agosto de 1990, dos jóvenes amantes del heavy metal, Thomas Jensen y Holger Hübner, organizaron el primer Wacken Open Air en una simple zona de arena cerca del pequeño pueblo de Wacken, en Schleswig‑Holstein. Con una entrada de 12 marcos, una carpa de cerveza y seis bandas locales, recibieron a 800 fanáticos del metal. Nadie imaginaba que ese humilde evento sería la base de uno de los festivales más grandes del planeta.
Wacken, un pueblo típico del norte de Alemania
Con apenas 1.900 habitantes, Wacken se parecía a cualquier otra aldea rural: más vacas que jóvenes, extensas áreas verdes y bodas tradicionales en la posada del pueblo. Hasta que tres amigos del metal decidieron cambiar la banda sonora del lugar.
El nacimiento de la revolución metalera
Frustrados por la escasa oferta musical (solo la discoteca del pueblo y una banda de música de viento), Jensen y Hübner concibieron la idea de crear su propio festival al aire libre. Con la ayuda de familiares y amigos, construyeron un escenario improvisado usando una carpa de cerveza y un camión. La primera edición contó con seis bandas locales, una de las cuales incluía al propio Jensen en el bajo.
Los primeros años: crecimiento y dificultades
El segundo WOA, bajo el nombre de "Stoned Castle Rock Promotion" (un guiño al distrito de Steinburg), atrajo a 1.300 visitantes. En 1992, el festival dio un salto cualitativo al contar con la banda británica Saxon, alcanzando 3.500 asistentes, 20 grupos y una entrada de 35 marcos.
El 1993 resultó ser un año crítico. Un accidente de tráfico de Hübner y una pérdida familiar complicaron la organización. Aun así, se contrató a Fates Warning como cabeza de cartel, pero la asistencia apenas superó los 4.000 y el festival cerró con una pérdida de seis cifras.
Riesgo total y salvación
Ante la amenaza de abandono, Jensen, Hübner y unos pocos colaboradores apostaron todo al festival. Renunciaron a sus empleos y, con ayuda familiar, pagaron parte de la deuda. En 1994, redujeron el gasto en bandas, mantuvieron algunos nombres reconocidos y bajaron el precio de la entrada, logrando 4.500 visitantes y asegurando la continuidad del WOA.
El punto de inflexión: Böhse Onkelz
En 1996 la venta anticipada de entradas era tan lenta que se consideró cancelar el evento. La contratación del polémico Böhse Onkelz atrajo a 8.000 fans, convirtiendo ese año en el más exitoso hasta la fecha.
El ascenso imparable
Desde entonces, el festival solo ha conocido una dirección: al alza. En 1997 superó los 10.000 asistentes y, al año siguiente, duplicó la cifra alcanzando alrededor de 20.000. Leyendas como Motörhead, Slayer, Ozzy Osbourne, Deep Purple o Iron Maiden han subido al escenario de Wacken durante décadas.
De pueblo provincial a meca mundial del metal
Lo que comenzó como una zona de arena de 800 metros cuadrados hoy ocupa 240 hectáreas. Aproximadamente 80.000 visitantes llegan cada verano a este rincón del norte de Alemania. "Me da miedo cuando la noche está desierta", admite Jensen, "pero seguimos siendo los mismos locos de siempre, solo que a una escala mayor".
Wacken Open Air sigue siendo el sueño de infancia de unos chicos del pueblo. "No queremos estancarnos", afirma Jensen. "Siempre buscamos evolucionar y hay muchas direcciones por explorar". El nombre Wacken está ahora sinónimo de heavy metal; lo que fue una fiesta local se ha convertido en el mayor festival de metal del mundo.
Los dos años de pausa por la pandemia
La crisis del COVID‑19 obligó a cancelar el WOA en 2020, la primera interrupción en 30 años. Se ofreció un programa online gratuito con actuaciones de Kreator, Blind Guardian y Sabaton. El año siguiente, 2021, también se canceló. El festival volvió en 2022, con Slipknot, Limp Bizkit y otros grandes nombres programados del 4 al 6 de agosto.