Aunque Rostock es la ciudad más grande de Mecklenburg‑Vorpommern, en octubre de 1990 Schwerin se alzó con la mayoría de los votos para ser la nueva capital del estado. Un argumento clave: la impresionante sala plenaria del castillo.
Por Christian Kahlstorff
40 votos a favor de Schwerin, 25 para Rostock y una abstención. Así concluyó el 27 de octubre de 1990, casi dos semanas después de las primeras elecciones estatales, la votación de los diputados del Landtag sobre la futura sede del gobierno. Este resultado puso fin a un mes de acalorado enfrentamiento entre ambas ciudades.
¿Campeonato mundial? ¿Unión monetaria? La verdadera disputa era la capital
En el verano de 1990, los titulares de la recién creada Mecklenburg‑Vorpommern no hablaban del Mundial de fútbol ni de la unión monetaria, sino del tira y afloja entre Rostock y Schwerin. Al principio, la ciudad hanseática de Rostock parecía tener muchas ventajas, pero el triunfo de Schwerin no fue casual.
Rostock lanza el desafío
El 22 de mayo, durante la reunión del comité regional de los tres distritos del norte en Rostock‑Warnemünde, Rostock presentó inesperadamente su candidatura como nueva capital. Con un estudio elaborado por la universidad local, los rostochenses solicitaron a la asamblea la convocatoria de un referéndum. En enero, la ciudad ya se presentaba como libre y hanseática, aspirando a una independencia similar a la de Bremen.
La democracia directa tenía límites
Según un artículo del periódico "NNN", en Warnemünde se vivieron discusiones emotivas. Representantes de Schwerin bloquearon la votación abandonando la sala mientras protestaban a viva voz. Dada la población (Rostock ~250.000; Schwerin ~127.000), una decisión a favor de la ciudad hanseática parecía probable.
Georg Diederich: el artífice de Schwerin
Georg Diederich (CDU) movilizó los votos de Neubrandenburg para Schwerin en 1990 y ese mismo año se convirtió en ministro del Interior de Mecklenburg‑Vorpommern. Diederich advirtió que elegir Rostock tendría consecuencias negativas a largo plazo para el oeste del estado. Tras la reunificación, el representante gubernamental del distrito de Schwerin abandonó el Nuevo Foro y se afilió a la CDU.
Diederich, el "creador de la capital"
En su ensayo autobiográfico "La refundación del Estado de Mecklenburg‑Vorpommern", Diederich describe la dificultad de la decisión. Rostock, con su puerto y universidad, parecía la opción natural. Sin embargo, Diederich recurrió a Neubrandenburg y persuadió a su colega parlamentario Martin Brick para que apoyara a Schwerin.
Redactó rápidamente un folleto titulado "Argumentos para elegir la capital de Mecklenburg‑Vorpommern", resaltando la tradición ducal de 800 años de Schwerin y su legado histórico. También incluyó consideraciones económicas, aunque reconocía que Rostock ya poseía un fuerte enfoque portuario y académico. Por su papel, el periódico SVZ lo llamó en 2007 "el creador de la capital".
Bertha Klingberg: la mujer florista que reunió 17.000 firmas
Bertha Klingberg, florista y luego ciudadana de honor de Schwerin, llevó a la práctica su idea de democracia directa. A los 91 años, reunió 17.000 firmas a favor de que la capital permaneciera en su ciudad adoptiva. En 1993 recibió el anillo de honor de la capital, el único de su tipo.
Rainer Prachtl: "Sin el castillo, Schwerin habría sido más difícil"
Rainer Prachtl (CDU), primer presidente del Landtag de MV (1990‑1998), afirmó que el castillo fue decisivo para muchos diputados. Las visitas de los funcionarios de desarrollo a Schwerin, conocidas como "viajes de café", fueron criticadas en Rostock, pero la vista desde el posible despacho en el castillo convenció a muchos legisladores. "Queríamos que vieran la vista y dijeran: quiero quedarme aquí", recordó Irmela Grempler.
De la polémica al "parlamento más hermoso de Alemania"
Cuando los diputados ingresaron a la sala plenaria del castillo de Schwerin el 27 de octubre de 1990, la decisión ya estaba tomada: 40 votos a favor de Schwerin, 25 para Rostock y una abstención. En diciembre, el entonces presidente federal Richard von Weizsäcker describió el recinto como "el asiento parlamentario más hermoso de Alemania", cerrando definitivamente la controversia.