Historia de Europa

RGW: el gigante económico socialista y su colapso

El 28 de junio de 1991, en apenas 15 minutos, el Consejo de Ayuda Económica Mutua (RGW) dejó de existir oficialmente, poniendo fin a una de las alianzas económicas más importantes de la posguerra. El RGW había definido la economía de la RDA y del bloque del Este.

Por Matthias Judt, autor invitado

El Consejo de Ayuda Económica Mutua, más conocido por su acrónimo en inglés COMECON, fue la alianza económica de los estados socialistas. Fundado el 25 de enero de 1949, contaba inicialmente con la Unión Soviética, Polonia, Rumanía, Bulgaria, Hungría y Checoslovaquia. Su creación respondió al acercamiento entre los países de Europa Occidental y EE. UU. mediante el Plan Marshall; la intención era reforzar la cooperación entre los países socialistas.

La RDA se incorpora al RGW (1950)

En los años siguientes se fueron sumando más miembros, entre ellos la RDA, que ingresó el 29 de septiembre de 1950. También formaron parte del RGW Albania y China, aunque solo como observadores. A través de acuerdos de asociación, el organismo vinculó a países de cuatro continentes, con economías muy dispares: desde potencias industriales como la RDA y Checoslovaquia, hasta economías agrarias como Polonia y Hungría, e incluso naciones en desarrollo como Cuba y Vietnam.

Una alianza de países con diferente poder económico

Esta gran heterogeneidad resultó ser la principal debilidad del RGW. La especialización prevista –por ejemplo, autobuses fabricados en Hungría y tranvías en Checoslovaquia– chocaba con las limitaciones técnicas y productivas de cada Estado. La RDA destacó en la fabricación de trenes de pasajeros, impulsada por la enorme demanda soviética, pero la integración económica internacionalista quedó lejos de ser una realidad en la mayoría de los sectores.

La RDA, principal proveedora naval de la URSS

A partir de 1954, el astillero Volkswerft de Stralsund se convirtió en uno de los mayores exportadores de la RDA. Polonia y la RDA fueron los pilares de la construcción naval para la URSS, cuyo enorme mercado absorbió gran parte de la producción. Tras la reunificación, la dependencia de Mecklenburg‑Vorpommern de esos pedidos se transformó en un problema estructural, aunque mientras el RGW existió todos los socios se beneficiaron.

Proyectos fallidos: el “coche RGW” y la informática

En otras áreas la cooperación resultó más difícil. Se registraron problemas de calidad en productos como carretillas elevadoras y locomotoras, que continuaron fabricándose en la RDA pese a sus defectos. El intento de crear un coche conjunto entre la RDA y Checoslovaquia nunca salió del papel, al igual que el desarrollo del Sistema Unificado de Computación Electrónica (ESER), que quedó rezagado frente a los ordenadores occidentales.

El egoísmo nacional limita la integración

A diferencia de la integración occidental impulsada por la Comunidad Económica Europea, donde gobiernos y empresas promovieron la división del trabajo, en el bloque del Este los intereses nacionales restringieron la cooperación, a pesar de la retórica internacionalista del socialismo.

Cooperación energética: la excepción exitosa

Un punto brillante fue la energía. A partir de 1980, la plataforma de perforación “Petrobaltic” descubrió crudo utilizable, y los países del RGW construyeron una extensa red de gasoductos que cruzó la mitad oriental del continente, llegando incluso a suministrar a algunos países occidentales.

Los gasoductos Nord Stream, una herencia controvertida

Los actuales gasoductos Nord Stream 1 y 2, que conectan Rusia con Alemania a través del mar Báltico, se basan en esa infraestructura histórica. Hoy son objeto de disputas políticas: EE. UU. teme una dependencia europea del gas ruso, mientras Polonia y Ucrania temen perder los ingresos por tránsito.

Red eléctrica: otro legado del bloque del Este

La interconexión de las redes eléctricas del RGW también perdura. Después de la reunificación alemana, la conexión entre las redes de la antigua RDA y la Alemania occidental resultó más débil que los enlaces con los países vecinos del Este, lo que aún influye en la distribución de energía eólica del Báltico hacia Austria a través de Polonia y Checoslovaquia.

El deseo de divisas occidentales acelera la desintegración

Desde la década de 1980, la necesidad de divisas duras empezó a erosionar el RGW. Aunque gran parte del comercio interno se realizaba en rublos transferibles, los Estados miembros exigían cada vez más pagos en monedas occidentales. Hungría, por ejemplo, demandó que sus exportaciones y servicios turísticos se cobraran en divisas fuertes.

Historia y consecuencias del COMECON – Sobre el proyecto

Treinta años después del cierre del RGW, Nordmagazin investigó sus huellas en Mecklenburg‑Vorpommern mediante una serie de entrevistas y documentales que recogen la memoria de empresas y personas vinculadas al bloque. El proyecto, producido por Hoferichter & Jacobs GmbH para NDR Mecklenburg‑Vorpommern, cuenta con el apoyo de la Fundación Federal para la Revaluación de la Dictadura SED.

Editora: Siv Stippekohl

El RGW no pudo transformarse en una economía de mercado

En 1989 el RGW todavía se reunía en el palacio de Berlín‑Niederschönhausen; dos años después la alianza se disolvió oficialmente. La RDA abandonó el organismo el 3 de octubre de 1990 al reunificarse con la República Federal de Alemania. Los intentos de los restantes miembros de mantener el RGW bajo una lógica de mercado fracasaron, y el 28 de junio de 1991 la entidad desapareció prácticamente sin más.