Historia de Europa

Rostock-Lichtenhagen: el estallido de la xenofobia

En la madrugada del 22 de agosto de 1992, una turba de extrema derecha atacó durante varios días a extranjeros en el barrio de Lichtenhagen, en Rostock. Los agresores lanzaban piedras y cócteles Molotov mientras los residentes aplaudían; la policía y los políticos se vieron superados.

Ya antes del estallido, se escuchaban amenazas: "En la noche del sábado al domingo vamos a limpiar Lichtenhagen. Será una noche caliente", dijo un llamante anónimo al diario local Norddeutsche Nachrichten el 19 de agosto de 1992. Tres jóvenes, citados por la Ostseezeitung el 21 de agosto, anunciaron que los romaníes deberían ser "castigados" y aseguraron que los vecinos mirarían por la ventana y aplaudirían.

22 de agosto de 1992: se reúne la turba de extrema derecha

Ese mismo día, alrededor de 2.000 personas, en su mayoría residentes del distrito, se aglomeraron frente a la llamada Casa del Girasol, sede del Centro de Recepción de Solicitantes de Asilo (ZASt) de Mecklemburgo‑Pomerania. El edificio de once pisos, con un mosaico de girasoles en la fachada y también viviendas vietnamitas, fue blanco de los agresores; las primeras ventanas se rompieron bajo una lluvia de piedras.

"Sentíamos que era una guerra civil"

Al día siguiente comenzaron a lanzarse artefactos incendiarios. Extremistas de derecha, conocidos a nivel nacional, habían llegado al barrio y sus gritos eran animados por la multitud que los aplaudía. Los policías, sin uniformes protectores, se encontraron frente a una muchedumbre enfurecida que los enfrentó sin piedad. "Era como una guerra civil", recuerda Guido Nowak, patrullero de la época, al describir cómo los jóvenes agresores se mezclaban entre los espectadores y los residentes les facilitaban la salida.

"¡Alemania para los alemanes, extranjeros fuera!"

Durante la noche llegaron refuerzos de Hamburgo y de la Guardia Federal de Fronteras, pero al día siguiente la violencia volvió con más piedras, cócteles Molotov y ataques a la policía. La muchedumbre coreaba: "¡Alemania para los alemanes, extranjeros fuera!".

La policía abandona a los atacados sin protección

Los agentes no disponían de medios para neutralizar los incendiarios que apuntaban a la Casa del Girasol. Los solicitantes de asilo no fueron evacuados hasta el lunes, tercer día de disturbios, mientras la violencia se intensificaba. Por la tarde, la situación se salió de control; jóvenes agresores se enfrentaron con la policía, varios agentes resultaron heridos y, finalmente, los policías se retiraron, dejando a los ocupantes del edificio desprotegidos. Poco después, el edificio se incendió.

Alrededor de 120 personas atrapadas en el edificio en llamas

El incendio dificultó la labor de los bomberos, que fueron obstaculizados por la multitud. Aproximadamente 120 vietnamitas, entre ellos niños, quedaron atrapados. Un equipo de televisión de ZDF y el director de la oficina central de admisiones, Rainer Hagen, también estaban dentro. Los atrapados lograron abrir las salidas de emergencia, que estaban cerradas con candados, y escaparon al techo.

"No lo olvidaré porque estuve allí"

Hung Quoc Nguyen vivía en la Casa del Girasol en 1992. Ese día, al volver a casa en el coche de un amigo, la turba incendió el vehículo y luego el edificio. Nguyen y sus compañeros subieron al último piso y, desde allí, al techo, logrando salvarse. "Los vietnamitas de Rostock aún recuerdan lo ocurrido, pero nadie quiere volver a hablar de ello", afirma en el documental de NDR "Die Scar – Der Angriff in Rostock‑Lichtenhagen".

Milagrosamente, no hubo muertos

Los bomberos, inicialmente impedidos de actuar, lograron extinguir el fuego tras aproximadamente una hora. Los residentes, algunos aún ocultos en diferentes plantas, fueron puestos a salvo. Los disturbios, comparables a un pogromo, se prolongaron más de un día; la policía empleó cañones de agua y gas lacrimógeno. La situación se controló finalmente la noche del 26 de agosto y, sorprendentemente, no se registraron víctimas mortales.

Lichtenhagen a principios de los 90: una bomba social

Las imágenes televisivas de Rostock‑Lichtenhagen conmocionaron al mundo, reavivando recuerdos de los pogromos nazis. En los primeros años de la reunificación, el desempleo en el barrio era alto; muchos trabajadores de astilleros perdieron su empleo. Simultáneamente, la caída del socialismo en Europa del Este provocó una oleada de solicitantes de asilo en toda Alemania. El ZASt de Mecklemburgo‑Pomerania se instaló en la Casa del Girasol, obligando a registrar allí a todos los refugiados asignados al estado.

Centenares de refugiados acampaban frente al centro de acogida

En el verano de 1992, la espera para el registro se prolongaba varios días. En Rostock, más de 1.000 personas solicitaban asilo cada mes; el centro se saturó rápidamente. Con solo 350 camas disponibles, cientos de refugiados se refugiaban en los espacios verdes entre las casas, sin acceso a aseos, mientras la administración evitaba reconocer oficialmente esas condiciones para no "legalizarlas".

Responsabilidad institucional difusa

Meses antes de los disturbios, los vecinos presentaban quejas sobre la situación del edificio, pero ninguna autoridad asumía la responsabilidad. La ciudad de Rostock consideraba que el estado era el encargado del ZASt, mientras el gobierno de Schwerin culpaba a la municipalidad.

El resentimiento de los vecinos crece

En el verano de 1992, una mujer confesó: "Yo todavía ayudaría a lanzar piedras". La falta de respuesta política alimentó la frustración y el odio hacia los recién llegados. Un residente, poco antes de los disturbios, describió a los refugiados como "cerdos sucios" que ensuciaban el barrio.

Se anunciaron disturbios para el fin de semana

Las autoridades fueron advertidas de que extremistas habían anunciado protestas para el 22‑23 de agosto, pero decidieron no desalojar el centro por precaución. Según Winfried Rusch, entonces responsable de asuntos de extranjeros en el interior de Mecklemburgo‑Pomerania, "hubiera sido mejor haber tomado la decisión de vaciar el ZASt el sábado, cuando el peligro ya se percibía". En cambio, muchos funcionarios se fueron al oeste para el fin de semana, dejando al mando policial sin liderazgo claro.

Los medios alimentan el miedo; la política y la policía fallan

Al inicio de los años 90, políticos y medios inflaron el discurso de "ola de extranjeros". La falta de claridad en responsabilidades, la subestimación del riesgo, la escasez de personal y la insuficiente capacidad de los centros de acogida fueron errores graves. Además, tanto la extrema derecha como algunos políticos democráticos alimentaron el clima hostil mediante titulares alarmistas.

Escasas condenas a los agresores

Se iniciaron 257 procesos judiciales, pero la mayoría fueron archivados. En 1993‑94, 40 agresores recibieron penas de suspensión, principalmente por alteración del orden público e incendios. Solo tres fueron condenados a prisión, con un máximo de tres años. El último juicio concluyó en 2002, con tres sentencias de suspensión de 12‑18 meses por incendio y tentativa de homicidio. La muchedumbre que aplaudía, obstruía a los bomberos y no ayudaba a los atrapados quedó impune.

Memoriales en Rostock: cinco estelas en cinco lugares

Veinticinco años después, el grupo artístico SCHAUM erigió cinco estelas de mármol en Rostock (desde 2017) para conmemorar los ataques xenófobos de 1992. Cada una representa un componente social que alimentó la violencia: la política, el vigilantismo, la violencia estatal, los medios y la sociedad, recordando la necesidad de empatía.