Contexto histórico
Tras la muerte de Miguel Palaiologos y la restauración al trono de su hijo Andronikos II, el Imperio bizantino entró en la fase final de su desaparición. El nuevo emperador no tenía experiencia militar y desvalorizó al ejército. Sin embargo, a principios del siglo XIV, bajo generales como Alejío Filantropinos, el ejército bizantino aún mostraba capacidad en los Balcanes y en Asia Menor.
El auge de Filantropinos
Entre 1293 y 1295, Filantropinos dirigió una campaña en Asia Menor que casi destruye a los otomanos. Su éxito habría puesto fin al problema turco, pero Andronikos, temeroso de que el general le opacara, lo encarceló y le cegó. Tras su captura, los turcos volvieron a la ofensiva.
Política de reducción militar
Para financiar la lucha contra la Casa de Anjou, Andronikos disolvió gran parte de la flota y redujo el ejército a apenas 4 000 hombres, recurriendo a milicias locales y a la población civil.
La desintegración del ejército bizantino
Crónicas contemporáneas describen al ejército como una “burla para el mundo” compuesta por artesanos y mercaderes. La pérdida de los feudos de Bithinia, Lidia y Magnesia, que proporcionaban tanto ingresos como reclutas, dejó al imperio sin recursos para mantener tropas profesionales.
Batalla de Vafeos y el nacimiento del Imperio otomano
En 1301, en la batalla de Vafeos (cerca de Nicaea), el imperio envió solo 2 000 hombres bajo el gran etario Jorge Mouzalon. Los otomanos, con 5 000 soldados, lograron una victoria fácil; los alanos contratados por los bizantinos ni siquiera combatieron. Los historiadores turcos consideran esta derrota como el punto de partida del futuro Imperio otomano.
Derrota ante la Compañía Catalana
Desesperado, Andronikos contrató a la infame Compañía Catalana. Tras breves éxitos contra los turcos, los catalanes se volvieron saqueadores y amenazaron al propio imperio. En la batalla de Apro (1305), el co‑emperador Miguel IX reunió 6 000 hombres, pero fue derrotado por 3 000 catalanes experimentados. La retirada de los mercenarios alanos y turcos provocó el pánico entre la infantería bizantina, que huyó.
Guerras civiles y su impacto
En 1320, Andronikos intentó financiar un ejército de 3 000 hombres mediante un impuesto gravísimo, pero la revuelta de su nieto Andronikos III derrocó el plan. La guerra civil (1320‑1328) dejó a Asia Menor indefensa; los otomanos conquistaron Bursa en 1326 y establecieron su capital.
Los últimos intentos de resistencia
Andronikos III, junto al gran doméstico Juan Cantacuzeno, cruzó a Asia Menor en 1329 con solo 2 000 soldados regulares. Frente a 8 000 otomanos, la campaña terminó en desastre: el emperador resultó herido y su ejército fue aniquilado en la batalla de Pelecano.
Tras la muerte de Andronikos III, la guerra civil entre Cantacuzeno y los partidarios de Juan V dejó al imperio sin ejército ni fondos. Los turcos tomaron Gallipoli (1354) y, a falta de defensa, avanzaron por los Balcanes, conquistando Edirne (1361), Tesalia y, finalmente, Constantinopla en 1453.
Conclusión
El declive del ejército bizantino, causado por la falta de liderazgo militar, la reducción de recursos y la dependencia de mercenarios poco fiables, facilitó el ascenso otomano. Las guerras civiles internas agotaron aún más los escasos recursos, sellando el destino del imperio.