Historia de Europa

La caza del chantajista de los grandes almacenes: Dagobert

El 13 de junio de 1992 Karstadt recibió una carta de chantaje; pocas horas después una bomba de tubo explotó en una sucursal de Hamburgo. El extorsionista, apodado "Dagobert", eludió a la policía durante casi dos años hasta que fue detenido en una cabina telefónica de Berlín el 22 de abril de 1994.

En junio de 1992 apareció en el "Hamburger Abendblatt" un anuncio que decía: "El tío Dagobert saluda a sus sobrinos". Lo que parecía una broma de un fanático de Walt Disney era, en realidad, una señal enviada por el grupo de grandes almacenes Karstadt para indicar al chantajista que estaba dispuesto a pagar. En la carta del 13 de junio el extorsionista exigía un millón de marcos, amenazando con detonar bombas en las tiendas si no se cumplía la demanda. Esa misma noche hizo estallar una bomba de tubo en el departamento de porcelana de una sucursal de Karstadt en Hamburgo para reforzar su amenaza.

¿Un viejo conocido?

Las investigaciones sospechaban que el autor ya había extorsionado antes. En 1988 el centro comercial KaDeWe de Berlín había sido objeto de una demanda de medio millón de marcos, acompañada también de una explosión nocturna. La entrega del rescate se realizó arrojando el dinero desde un tren S-Bahn en movimiento, siguiendo las instrucciones del chantajista. Cuatro años después, el mismo método volvió a aparecer.

Transferencias de dinero con ingenio técnico

En el caso de Karstadt, el extorsionista perfeccionó el plan de entrega. Instaló un soporte metálico magnético en un tren de la ruta Berlín‑Rostock para que, mediante control remoto, el paquete cayera del vagón en el momento que él quisiera. Tras un primer intento fallido, el dispositivo funcionó en el segundo intento, pero el ladrón escapó en bicicleta con una bolsa casi vacía: solo unas cuantas billetes y una gran cantidad de papeles sin valor.

Juego del gato y el ratón entre extorsionistas y policía

Dagobert no se conformó con la pequeña suma y mantuvo sus exigencias. Durante los siguientes dos años, el extorsionista –nombre que la prensa adoptó tras el anuncio del periódico– protagonizó alrededor de 30 intentos de entrega de dinero, siempre logrando escapar. Puso cuatro bombas más en sucursales de Karstadt del norte de Alemania y una en Berlín. Por suerte, solo dos personas resultaron ligeramente heridas; la mayoría de las explosiones se produjeron de noche, aunque en dos ocasiones las bombas detuvieron en ascensores con clientes y empleados dentro.

El público simpatiza con "Dagobert"

A pesar de sus crímenes, el chantajista se convirtió en una figura popular. Su apodo evoca al personaje del cómic, el famoso pato rico, y sus ingeniosos dispositivos recuerdan al inventor Disney "Daniel Gyro Gearloose". Los medios no tardaron en adoptar un vocabulario cómico: titulares como "El delincuente de motor a reacción Dagobert" o "El truco del canal de Dagobert – glug, glug, fuera" abundaban en la prensa sensacionalista.

Intentos de entrega dignos de una historieta y tropiezos policiales

Dagobert sorprendía a la policía con planes cada vez más creativos. En una ocasión colocó una caja de arena sobre una tapa de alcantarilla en Berlín; abrió el compartimento desde abajo y se escapó con una bolsa que contenía solo unos billetes y mucho papel sin valor. En varias persecuciones, los agentes resbalaban justo cuando estaban a punto de agarrar al fugitivo por el cuello.

Espectáculo: mini‑camión descarrila con 1,4 millones de marcos

En enero de 1994 intentó entregar el rescate mediante un mini‑camión que él mismo había construido. Preparó una vía de tren abandonada en Berlín, equipándola con cables trampa y petardos para que el vehículo avanzara sin ser detenido. A 30 metros de la meta, el camión se descarriló, dejando el rescate de 1,4 millones de marcos fuera de alcance.

Arno Funke elige el seudónimo "Dagobert" al azar

Para proteger a la esposa del extorsionista, la llevaron a su apartamento cubierta con una sábana. Finalmente, el 22 de abril de 1994, la larga y compleja investigación llegó a su fin cuando la policía capturó a Arno Funke en una cabina telefónica de Berlín. Contrario a lo que muchos esperaban, Funke no era fanático de Disney; había escogido el nombre al ver, en julio de 1992, una bolsa con la figura de "Scrooge McDuck" mientras buscaba una frase distintiva para que Karstadt señalara su disposición a pagar.

Daño cerebral y alto coeficiente intelectual

Funke, desempleado y deprimido, confesó que su motivación era el dinero. En la audiencia declaró que había contemplado el suicidio y que la extorsión era su intento de cambiar de vida. El 17 de enero de 1995 fue condenado a siete años y nueve meses de prisión por extorsión grave y a pagar 2,5 millones de euros en daños. Debido a una lesión cerebral y a la depresión resultante, la pena se redujo ligeramente en 1996; de haber sido diferente, habría superado los nueve años.

Un creativo en la cárcel

Un informe pericial determinó que Funke poseía un alto coeficiente intelectual. Durante su internamiento recibió terapia exitosa, escribió una autobiografía y comenzó a dibujar caricaturas para la revista satírica "Eulenspiegel". Tras su liberación anticipada en agosto de 2000, se estableció en Berlín como diseñador gráfico y autor, y siguió buscando notoriedad participando en programas de televisión y talk shows.