por Michael Lange
Un fuerte estruendo y una bola de fuego iluminan la noche del 25 de julio de 1978 a las 2:54 a.m. cuando una bomba detona en la prisión de Celle. Los guardias en la torre de vigilancia suenan la alarma y, con focos, iluminan la pared exterior de seis metros de altura, donde aparece un agujero de unos 40 cm de diámetro. Décadas después se reveló que el ataque fue ficticio y contó con la connivencia del gobierno estatal de la CDU. La Oficina de Protección de la Constitución hizo explotar el agujero para infiltrar informantes en el núcleo de la RAF. El verdadero contexto salió a la luz en 1986 gracias a un reportaje del periodista Ulrich Neufert del "Hannoversche Allgemeine Zeitung".
Se fingía una acción de rescate
Tras la explosión, la policía criminal de Celle y el director de la prisión, Paul Kühling, llegaron al lugar. A eso de las 4 a.m. oficiales vestidos de civil asaltaron la celda de Sigurd Debus y la registraron. Debus, de 35 años, cumplía una condena de 12 años por robos a bancos con motivación política y la preparación de dos atentados con bombas, aunque no había pruebas de su participación directa en los hechos.
El supuesto terrorista estaba en la cama
Esa noche todo parecía indicar que simpatizantes de la extrema izquierda intentaban liberar a Debus. En febrero, la policía de Salzgitter había incautado un vehículo sospechoso con municiones y una identificación falsificada con foto de Debus. Al registrar la celda en ausencia del detenido, los agentes supuestamente hallaron herramientas de fuga, aunque Debus estaba en la cama al momento de la detonación y no mostraba signos de estar preparado para una fuga.
Se sospecha a la RAF
Los titulares del día siguiente describieron el suceso como un ataque terrorista a la prisión, una suposición fácil tras la liberación armada de la cárcel de Moabit dos meses antes. La Oficina Estatal de Policía Criminal de Hannover presentó el llamado "documento Dellwo" como evidencia del vínculo terrorista. Según el documento, atribuido al miembro de la RAF Karl‑Heinz Dellwo, la estrategia consistía en "ataques sin sangre en el perímetro de las prisiones" para forzar la integración de los presos terroristas en grupos de interacción.
Tres días después se publicó la foto policial de Klaus‑Dieter Loudil, compañero de celda de Debus, pero la búsqueda resultó infructuosa.
La bomba vuelve a estallar (revelación de 1986)
El 25 de abril de 1986, tres semanas antes de las elecciones estatales en Baja Sajonia, el HAZ publicaba un impactante reportaje: el atentado en Celle había sido totalmente escenificado. Ulrich Neufert demostró que funcionarios plantaron la bomba, que ministros estaban al tanto y que la Oficina de Protección de la Constitución colaboró. Desde el Primer Ministro de Baja Sajonia, Ernst Albrecht, hasta el entonces Ministro Federal del Interior, Werner Maihofer, conocían la trama, al igual que el director de la prisión, Paul Kühling.
La "Operación Fuego Mágico" buscaba crear una biografía ficticia para los informantes y facilitar su infiltración en la escena extremista de izquierda. Además de Loudil, la oficina reclutó a Manfred Berger, otro convicto grave, para la misma tarea. Ambos intentaron reclutar cómplices como informantes antes del supuesto "plan de liberación".
El gobierno celebra el "teatro terrorista" como éxito
Ernst Albrecht defendió la operación calificándola de éxito. Gerhard Schröder, candidato del SPD, la criticó diciendo que el gobierno había "ordenado el uso de medios terroristas contra el terrorismo". Albrecht respondió con seguridad: "Estoy seguro de que eso es exactamente lo que la gente espera de mí". Según la versión oficial, la acción habría evitado el asesinato de un guardia de la prisión por parte de Debus, descubierto un apartamento conspirativo en Hamburgo con una bomba de cinco kilos destinada a una "prisión popular" y revelado información sobre la organización terrorista vasca ETA.
La comisión de investigación arroja dudas
El comité parlamentario creado a finales de 1986 no pudo confirmar las auto‑elogios de Albrecht sobre la prevención de "crímenes graves". Los informantes parecían más bien provocadores dudosos. El diputado verde Georg Fruck sospechó que habían ayudado a resolver crímenes que ellos mismos habían orquestado para luego presentarlos como logros.
El ataque como herramienta de inteligencia
La confianza en la política y en las fuerzas de seguridad quedó mucho más dañada que la pared de la prisión. Según Jürgen Trittin, diputado del Landtag de Baja Sajonia, la manipulación del miedo al terrorismo y la desinformación hicieron que, en el futuro, "no se sabría qué ataques fueron obra de terroristas y cuáles del Estado". El funcionario de protección constitucional Peter Frisch recordó que un ataque con bomba también puede ser una "herramienta de los servicios de inteligencia".
Un precedente cuestionable
Los procesos investigativos iniciados el 7 de mayo de 1986 contra los responsables de la explosión se archivaron al día siguiente, pues la fiscalía de Lüneburg consideró que no había indicios de delito y que los plazos de prescripción habían expirado. No quedó claro si una operación estatal de demolición y desinformación de esta magnitud es legal, pero el rápido cierre sugiere que no se consideró ilícita, convirtiendo al "Celler Loch" en un precedente polémico.
El agujero como recuerdo histórico
Cuando en 1998 la antigua muralla exterior de la prisión de Celle fue sustituida, los propios albañiles del recinto extrajeron el "agujero de Celle" en un bloque y lo reinstalaron como pieza conmemorativa. Desde entonces, el monumento recuerda a visitantes, empleados y residentes el escándalo, y, según el sucesor de Kühling, Rüdiger Wohlgemuth, "esta tontería estatal no será olvidada". Además del monumento, sigue viva la discusión sobre el uso de operaciones de simulación por parte del Estado.