El 4 de enero de 1947 se publicó por primera vez el Der Spiegel, inicialmente en Hannover y después en Hamburgo. Desde entonces, la revista de información ha destapado numerosos escándalos y, en ocasiones, también se ha visto envuelta en controversias.
Por Irene Altenmüller
Finales de 1946: se necesitaba un nombre para la nueva publicación. El entonces joven periodista de 24 años Rudolf Augstein debía proponerlo en una noche, condición impuesta por el gobierno militar británico para conceder la licencia. Preguntó a su padre cuál le parecía mejor: “El Eco” o “El Espejo”. El padre optó por “Der Spiegel” y el asunto quedó cerrado.
Der Spiegel sustituye a “Diese Woche”
Pocos días después, el sábado 4 de enero de 1947, salió el primer número en Hannover. La revista anterior, “Diese Woche”, había irritado a los británicos tras solo cinco ediciones por su postura crítica hacia las fuerzas de ocupación, por lo que la responsabilidad se transfirió al joven equipo de Augstein.
Un marco por ejemplar
El primer número costaba una marca, tenía 22 páginas y una tirada de 15 000 copias. En la portada, con su característico borde rojo brillante, aparecía el embajador austriaco Dr. Little Guard en una audición en la Casa Blanca. Entre los temas se incluían el aborto (párrafo 218), la construcción de un túnel bajo el Mont Blanc, el destino de los prisioneros de guerra alemanes en el extranjero y la situación del mercado negro.
Desde el inicio, Der Spiegel fue un éxito; sus ejemplares se agotaban rápidamente. La revista ganó notoriedad nacional en 1950 al revelar que Bonn había sido elegida capital provisional de la República Federal a cambio de sobornos a parlamentarios, lo que provocó la creación de una comisión de investigación en el Bundestag, aunque la llamada “comisión del espejo” no logró resultados.
El “cañón de asalto” de la democracia
En 1952 la publicación se trasladó de Hannover a Hamburgo y mantuvo su línea crítica. Augstein la describió, con cierta ironía, como el “cañón de asalto de la democracia”. A lo largo de los años el periódico destapó numerosos escándalos y denunció maniobras políticas. En 1962 se convirtió él mismo en protagonista: la oficina editorial fue allanada y cerrada por una portada que cuestionaba la estrategia de defensa de la República Federal; Augstein y otros directivos fueron detenidos bajo acusación de traición.
El caso, conocido como el “affair del Spiegel”, no supuso el fin de la revista, pero sí la dimisión del entonces ministro de Defensa, Franz Josef Strauss (CSU), quien había ordenado los arrestos. La circulación del periódico superó los 500 000 ejemplares a finales de 1962.
1969: un rascacielos para el Spiegel
En 1969 la editorial se mudó a un edificio de gran altura en la calle Brandstwiete. El diseño psicodélico de la cafetería se volvió legendario y, años después, fue declarado monumento. En 2011, cuando el grupo Spiegel se trasladó a su nuevo complejo en HafenCity, el antiguo edificio pasó al Museo de Arte y Comercio de Hamburgo como obra de diseño.
Escándalos de los años 80 y la expansión mediática
Durante la década de 1980 la revista destapó casos como el escándalo de donaciones del partido Flick, el caso “Neue Heimat” (1983) y el escándalo Barschel (1987) que involucró al entonces ministro presidente de Schleswig‑Holstein. La tirada pagada siguió creciendo; a partir de 1990 superó habitualmente el millón de copias y, en los primeros tres meses de 1991, alcanzó un promedio de 1,2 millones, impulsada por la guerra del Golfo.
En 1988 nació Spiegel TV, un programa de televisión emitido por RTL, y en 1994 la revista se lanzó a Internet con Spiegel‑Online, su propio sitio web.
Crisis de tirada y tensiones internas
Desde 2011 todas las redacciones de Der Spiegel se encuentran bajo un mismo techo en el nuevo edificio de HafenCity. Sin embargo, la crisis del papel impresa también afectó al medio: a partir de 2008 las cifras de venta comenzaron a decaer. Aunque sigue siendo el medio más citado en Alemania, la tirada no ha vuelto a superar el millón de ejemplares desde 2010 y persisten disputas entre editores senior sobre la estrategia, sobre todo en lo digital.
Nuevos productos impresos y ofertas digitales de pago
Para responder a los cambios del sector, la editorial ha adoptado una política de austeridad y ha buscado fuentes de ingresos adicionales mediante ofertas online de suscripción y nuevas ediciones impresas dirigidas a nichos específicos.
El escándalo Relotius sacude la industria
En diciembre de 2018 se descubrió que varios reportajes del periodista Claas Relotius eran falsos. El premiado reportero había inventado partes de sus informes y copiado material. El escándalo sacudió no solo a Der Spiegel sino a toda la prensa, erosionando la confianza del público. La revista, fiel a sus estatutos de calidad, publicó una nota titulada “Decir lo que es”.
Se creó un grupo de trabajo interno para investigar los hechos y establecer nuevos estándares de investigación y control de calidad. Otros medios también revisaron sus protocolos, reforzaron la verificación de datos y diseñaron formatos para recuperar la confianza de los lectores.
El debate constructivo está en peligro
“Necesitamos reflexionar urgentemente sobre el futuro de los medios y del espacio público”, afirma el director editorial Steffen Klusmann. Desde la perspectiva empresarial, la crisis parece superada: “75 años después de su fundación, Der Spiegel está en una posición excelente, tanto periodísticamente como comercialmente”, comenta el director general Thomas Hass. Según los datos de la compañía, la facturación del grupo superó en 2021 los 20 millones de euros respecto al año anterior y la tendencia sigue al alza.
Sin embargo, los criterios del periodismo de calidad seguirán bajo escrutinio. “Vivimos tiempos históricos. El autoritarismo crece, el cambio climático amenaza nuestras vidas y la pandemia ha transformado el mundo. Al mismo tiempo, el discurso público se está erosionando. Debemos pensar en el futuro de los medios y del público”. La edición aniversario de enero sirvió para iniciar este debate con los lectores.