Historia de Europa

Operación Big Bang: la nube de ceniza que cubrió Helgoland

El 18 de abril de 1947 la Marina británica hizo estallar 6.700 toneladas de municiones y las instalaciones militares de Helgoland. La isla quedó desmilitarizada, aunque sus habitantes no pudieron regresar de inmediato.

Un fuerte retumbo, una columna de humo y ceniza que alcanzó los cuatro kilómetros de altura sobre Helgoland, visible desde Cuxhaven, describen los testigos del 18 de abril de 1947. Ese día los británicos destruyeron granadas, cohetes y explosivos almacenados en los búnkeres subterráneos y en túneles de la isla, además de explosivos que habían traído desde la península. El objetivo de la gigantesca explosión, conocida como el “Big Bang” de Helgoland, era eliminar el armamento y las estructuras militares que quedaban tras la Segunda Guerra Mundial.

Una ráfaga cálida y una brisa ligera

El teniente de la Marina británica Brian Butler observó la detonación desde un buque a diez millas de distancia: “Podía ver la superficie del agua ondular. El mar estaba muy tranquilo ese día. Luego sentimos una ráfaga muy cálida y una ligera brisa que siguió agitando el mar”.

Cartas al Papa

Los 2.500 habitantes de Helgoland fueron obligados a abandonar la isla en 1945, entre ellos Olaf Ohlsen y sus padres. Ohlsen recuerda la amarga oposición de los helogolandeses a los planes de destrucción: “Escribieron al Papa, escribieron a Churchill para que no explotaran Helgoland”. Su padre, prisionero de guerra encargado de trasladar la munición, temía que la isla quedara reducida a escombros. Sin embargo, cuando regresó del puerto, exclamó: “¡Helgoland sigue en pie!”. Ohlsen tenía once años entonces.

La “Lange Anna” sigue en pie

Aunque gran parte de la isla quedó convertida en un campo de escombros, su forma general se conservó. Sólo en el extremo sur, donde antes se ubicaba el enorme búnker submarino de Hitler, se hundieron unos 70 000 m² bajo el mar. La famosa aguja de roca “Lange Anna” permanece intacta, al igual que los muelles y los diques de protección costera.

Destrucción de fortificaciones, no de la isla

Durante años circuló el rumor de que los británicos pretendían destruir Helgoland por completo, pero nunca existió tal orden. Una carta británica dirigida a autoridades alemanas en diciembre de 1946 aclaraba: “No hay planes para volar la isla, pero es absolutamente necesario desmilitarizarla; por ello se destruirán o bloquearán con explosivos unos 22 km de túneles y galerías, lo que implicará la destrucción inevitable de gran parte de la superficie”. El teniente Butler también subrayó que el objetivo no era aniquilar la isla: “Queríamos destruir las fortificaciones y la munición de guerra que quedaban en Alemania y en la isla”.

Helgoland: una isla convertida en campo de bombardeo

Los británicos acumularon toneladas de armamento en Helgoland para destruirlas junto con las instalaciones militares. Tras la explosión, los helogolandeses se sintieron aliviados al ver que su isla seguía en pie y esperaban regresar a sus hogares. Sin embargo, la potencia ocupante siguió utilizando la zona como campo de entrenamiento de bombardeo. Los políticos alemanes protestaron repetidamente; en diciembre de 1949 el Bundestag pidió al gobierno federal que presionara a los Aliados para que devolvieran la isla a sus habitantes, sin éxito.

Entrega a la administración alemana en 1952

Todo cambió cuando, en diciembre de 1950, los estudiantes René Leudesdorff y Georg von Hatzfeld ocuparon Helgoland como protesta por su devolución a Alemania. La prensa internacional puso el caso en la agenda pública y el gobierno británico inició negociaciones con la administración de Adenauer. El 21 de febrero de 1951 el Reino Unido decidió devolver la isla, y la entrega se formalizó el 1 de marzo de 1952.