El 15 de abril de 1945, tropas británicas liberaron el campo de concentración de Bergen‑Belsen. Aproximadamente 120 000 personas fueron deportadas al páramo de Lüneburg bajo el régimen nazi y más de 52 000 murieron.
Por Britta Probol
Richard Dimbleby, reportero de la BBC durante la Segunda Guerra Mundial, ofrecía a los oyentes de su programa "War Reports" una visión más clara de los frentes en África, Normandía y los bombardeos de la RAF. El 17 de abril de 1945 acompañó a los soldados británicos a Bergen‑Belsen, el campo que habían liberado dos días antes.
“El día en Belsen fue el día más horrible de mi vida”
Dimbleby, un periodista de guerra experimentado, vio su informe censurado por la BBC porque sus descripciones resultaban "increíbles" para la transmisión. El reporte se emitió con 24 horas de retraso y el periodista amenazó con renunciar. La frase que quedó en la memoria colectiva fue: "Ese día en Belsen, según Dimbleby, fue el día más terrible de mi vida".
Las imágenes de Bergen‑Belsen conmocionaron al mundo
Durante mucho tiempo, el nombre Bergen‑Belsen estuvo por encima de Auschwitz en la percepción británica del Holocausto, porque fue el único campo liberado por tropas británicas y uno de los pocos que el SS no logró limpiar antes de la rendición. Las fotos y grabaciones capturadas por los fotógrafos británicos mostraron a personas demacradas con ropa harapienta, esqueletos vivientes y cadáveres desnudos esparcidos por el polvo, imágenes que dejaron al público mundial sin aliento.
Rendición sin combate ante los británicos
En la tarde del 15 de abril, el regimiento antitanque 63 bajo el mando del coronel Taylor llegó al campo de concentración de Südheide. Previamente, un acuerdo de armisticio, ordenado por Heinrich Himmler, había neutralizado una zona de 48 km² alrededor del campo y el SS retiró tres cuartas partes de su personal. Solo quedaban unos 50 hombres de la administración y 30 guardias femeninas, incluido el comandante del campo, SS‑Hauptsturmführer Josef Kramer, quien había servido en Auschwitz‑Birkenau. El SS fue reemplazado por infantería alemana y un regimiento húngaro con brazaletes blancos, que según el acuerdo podían retirarse libremente a las líneas alemanas.
Se desconoce la razón exacta del orden de Himmler, pero el riesgo de epidemias jugó un papel decisivo. Disentería, fiebre tifoidea y tuberculosis azotaban a los internos, y una epidemia de tifus llevaba dos meses cobrándose víctimas día a día, lo que hacía inviable tanto la defensa como la evacuación del campo.
Los prisioneros demasiado débiles para celebrar
Cuando el capitán Derrick Sington, jefe de una unidad de propaganda británica, anunció la toma del campo mediante megáfono, esperaba vítores. En cambio, escuchó solo los escasos y vacilantes aplausos de unos pocos sobrevivientes. La mayoría de los prisioneros, como recordó la judía Lola Fischel, ni siquiera había escuchado la noticia de la liberación. El hambre y el horror cotidiano habían atenuado cualquier reacción. Anita Lasker‑Wallfisch, sobreviviente que llegó de Auschwitz meses antes del final de la guerra, describió el escenario: "Los cadáveres estaban por todas partes, como parte del paisaje". Apenas unos días antes de la llegada de los británicos, ella y su hermana habían sido obligadas a arrastrar cuerpos a fosas comunes por orden del SS.
El genocidio en Belsen se aceleró a partir de enero de 1945: 1 000 muertos en ese mes, 7 000 en febrero y 18 000 en marzo. El pequeño crematorio ya no alcanzaba para quemar todos los cuerpos. La sobrepoblación extrema y la falta de suministros convertían al campo en un infierno.
Anne Frank: de Auschwitz a Bergen‑Belsen
La joven judía Anne Frank murió en Bergen‑Belsen unas semanas antes de su liberación. En agosto de 1944 el campo se amplió con una zona de tiendas para mujeres deportadas de Auschwitz‑Birkenau, entre ellas Frank. Desde enero de 1945, Bergen‑Belsen funcionó como centro de recepción para evacuaciones de campos cercanos al frente, recibiendo marchas de la muerte y traslados diarios. El día de la liberación, unas 60 000 personas estaban amontonadas en tiendas y barracones.
Hambre, suciedad, hacinamiento y tifus
Las condiciones sanitarias ya eran catastróficas. No se construyeron baños ni letrinas adicionales y muchos de los existentes dejaron de funcionar. En una zona de almacenamiento segregada con casi 10 000 internos no había ni un solo inodoro ni una llave de agua. Los prisioneros describieron a Bergen‑Belsen como "el campo más sucio de todos". La estación de desinfección, inoperativa desde finales de 1944, permitió la proliferación de piojos y, con ellos, la propagación del tifus, principal causa de mortalidad.
Los británicos, liberadores desbordados
"No todo cambió de inmediato cuando el primer tanque británico entró al campo", recuerda Anita Lasker‑Wallfisch. Los británicos se enfrentaron a una enorme tarea logística: conseguir alimentos y medicinas, restablecer el suministro de agua y atender a los enfermos. Los primeros raciones –pan integral, leche en polvo y caldo hervido– resultaron insuficientes para los estómagos debilitados por la disentería y el hambre. Sólo días después llegaron dietas blandas adecuadas para los cuerpos demacrados.
Las muertes continuaron tras la liberación
El 18 de abril, ambulancias británicas evacuaron a los primeros 500 pacientes con tifus a un hospital improvisado. A finales de mayo, todos los supervivientes fueron trasladados a los barracones de la Wehrmacht cercanos. Sin embargo, alrededor de 9 000 internos murieron antes de que terminara abril y otros 4 000 en mayo y junio, víctimas de las condiciones de su encierro.
En total, más de 52 000 personas perdieron la vida en Bergen‑Belsen. Ningún barracón quedó en pie; por el riesgo de epidemias, fueron demolidos progresivamente, el último incendiado con un lanzallamas el 21 de mayo.
Primer juicio de crímenes de guerra: el juicio de Bergen‑Belsen en Lüneburg
Cinco meses después de la liberación, comenzó el primer juicio de crímenes de guerra contra los vencedores, generando una enorme cobertura mediática. Desde el 17 de septiembre, 33 miembros del SS y once kapos fueron juzgados ante un tribunal militar británico en Lüneburg. El proceso, descrito como "una lección de justicia correcta", culminó con once sentencias de muerte. El 10 de diciembre de 1945, el comandante del campo Josef Kramer, conocido como "la bestia de Belsen", y la guardia Irma Grese fueron ejecutados en Hameln.
El memorial de Bergen‑Belsen inaugurado en 1952
En el terreno del campo, en la zona del páramo de Lüneburg, se estableció en 1952 el primer memorial conmemorativo de un campo de concentración. Desde entonces ha sido ampliado de forma continua, preservando la memoria de las víctimas.
Conmemoración digital en tiempos de pandemia
El evento con sobrevivientes para el 75.º aniversario de la liberación, previsto para el año pasado, se pospuso un año por la pandemia de COVID‑19. Finalmente se celebró una versión reducida con la presencia del ministro-presidente de Baja Sajonia, Stephan Weil (SPD). Este año, sin posibilidad de actos presenciales, el memorial organizó una ceremonia digital en su página web el 15 de abril, donde jóvenes relataron sus encuentros con sobrevivientes.
“En Belsen simplemente morías”
Anita Lasker‑Wallfisch, una de las sobrevivientes que asistió al 75.º aniversario, escribió en su discurso: "Solo quienes estuvieron en Belsen pueden comprender lo que decimos: nada más que cadáveres, cadáveres, cadáveres". Cuando le preguntan si Belsen fue peor que Auschwitz, ella responde: "Belsen era diferente, único; no había cámaras de gas, simplemente morías".