Nací en 1988, así que para mí el plástico siempre ha existido. Desde que tengo memoria, casi todos los productos contienen alguna parte de plástico. Dependiendo de la generación, algunos recuerdan la transformación radical de los años 60 y 70, cuando aún se entregaba la leche en botellas de vidrio y el plástico era una novedad. Hoy vivimos en la era del plástico.
Me pregunto a menudo con qué materiales se embalaban los productos antes del plástico. Aunque el plástico es insustituible por su versatilidad, sus efectos nocivos son evidentes: residuos que se acumulan en tierra y mar, tardan cientos de años en degradarse y amenazan a la fauna marina y a la salud humana. La reducción del uso desechable ya ha comenzado, pero aún falta mucho. Para entender cómo llegamos aquí, primero debemos preguntar: ¿cuánto tiempo lleva el plástico en nuestra historia?
Historia temprana del plástico
El propio nombre «plástico» sugiere una invención reciente, y en efecto, la forma moderna del material es del siglo XIX. Sin embargo, la humanidad ha usado sustancias con propiedades plásticas desde la Antigüedad. Los polímeros, compuestos de largas cadenas moleculares, existen de forma natural: ámbar, resinas de árboles, pieles y cueros. Estas materias primas eran duras y moldeables, ideales para empaquetar y proteger objetos.
Desde el final de la Edad Media, el uso de estos materiales se expandió y los inventores descubrieron nuevas formas de producir polímeros, aunque aún no conocían el concepto químico de polímero. En el siglo XVI se fabricó un «cuerno artificial» a partir de queso de cabra, y más tarde llegaron al continente europeo plásticos naturales como la goma. No obstante, estos materiales todavía no eran plásticos como los conocemos; fue necesario el desarrollo de la química moderna del siglo XIX.
Todo comenzó con Charles Goodyear, quien en la década de 1830 vulcanizó la goma añadiendo azufre. Goodyear no fabricó neumáticos, sino guantes, zapatos y otros objetos cotidianos; la actual empresa de neumáticos lleva su nombre en homenaje. Poco después aparecieron el celuloide, linóleo, baquelita y PVC. En el siglo XIX la mayoría de los plásticos se obtenían de materias primas naturales, lo que hoy llamaríamos bioplásticos. Fue en el siglo XX cuando la materia prima cambió radicalmente, pasando a derivarse del petróleo y el gas natural.
La era dorada del plástico
Durante el siglo XIX la industria plástica enfrentaba un problema fundamental: los químicos desconocían la estructura exacta de los polímeros y, por tanto, el porqué de sus propiedades. Tras el descubrimiento de la estructura polimérica por Hermann Staudinger en 1917, la producción a gran escala se volvió factible y, años después, Staudinger recibió el Nobel por este hallazgo.
Los años 1950 marcaron el verdadero boom del plástico moderno. Se produjeron masivamente polietileno (derivado del gas natural) y polipropileno (a base de petróleo), materiales que siguen dominando el mercado. La revolución supuso una alternativa ligera, flexible, resistente y cada vez más barata frente a empaques de papel, cartón, vidrio o madera. A partir de los años 70, el plástico se integró por completo en la vida cotidiana.
En sus inicios, el plástico se utilizaba mayormente en productos duraderos y reutilizables, como el icónico Tupperware (imagen de una fiesta de Tupperware en Florida, años 50). Con el cambio generacional y el auge del consumismo, surgió en los años 70 el plástico desechable: barato de producir, se empezaba a desechar después de un solo uso. Tres décadas después, la contaminación se convirtió en un problema global. Hoy se impulsa lentamente la transición hacia plásticos reutilizables o biodegradables, aunque las consecuencias de la revolución del siglo XX seguirán acompañándonos en el siglo XXI.
El uso más visible del plástico contemporáneo es el empaquetado. En el próximo episodio de nuestro podcast analizaremos la historia de los materiales de embalaje: ¿cuándo empezó la humanidad a empaquetar mercancías? ¿Qué se usaba antes del plástico? ¿Hacia dónde nos lleva esta evolución? ¡Escúchanos!