Como todos saben, el Oktoberfest no se celebró en 2020 a causa de la pandemia de coronavirus. Fue la primera cancelación del festival desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, esa no es la única vez que la fiesta más grande de la cerveza estuvo al borde de cerrarse. Uno de los momentos críticos ocurrió en 1980, cuando un atentado devastador dejó 13 muertos y cientos de heridos. Analizamos qué sucedió, por qué la investigación sigue siendo polémica y qué revela este caso sobre el problema de la extrema derecha en Alemania.
Terror en Alemania hasta 1980
El atentado de 1980 se perfilaba como el peor acto terrorista de la historia reciente de Alemania. El país ya había vivido violencia política: el ataque a la delegación israelí durante los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972 y la ola de asesinatos y secuestros perpetrados por la RAF a lo largo de los años setenta. En ese contexto, el terrorismo se asociaba casi exclusivamente a la extrema izquierda, mientras que la amenaza de la extrema derecha permanecía en la sombra.
¿Quién estuvo detrás del atentado?
El 26 de septiembre de 1980, viernes, la madrugada del Oktoberfest transcurría con normalidad hasta que, poco después de las 22:00, una bomba explotó dentro de un cesto de papel en la entrada principal. La explosión mató a trece personas y dejó heridos a decenas más. El atentado coincidió con la campaña electoral federal que se avecinaba (las elecciones estaban previstas para el 5 de octubre) y con la candidatura de Franz Josef Strauss, quien había puesto el combate al terrorismo de izquierda como uno de sus pilares.
Las primeras investigaciones apuntaron a Gundolf Köhler, uno de los fallecidos, como autor del explosivo. Köhler era conocido por la policía por su vinculación con la “Wehrsportgruppe Hoffmann”, una organización neonazi que entrenaba tácticas guerrilleras y que había sido declarada inconstitucional en la primavera de 1980. La hipótesis de que Köhler actuó solo fue aceptada oficialmente, aunque desde el inicio surgieron dudas.
Testigos declararon haber visto a Köhler discutiendo con dos hombres en la entrada aproximadamente treinta minutos antes de la explosión, pero sus testimonios no fueron profundizados. La investigación concluyó en 1982 que Köhler era el único responsable, sin encontrar pruebas de la participación de otros miembros de la Wehrsportgruppe.
El periodista Ulrich Chaussy y las nuevas indagaciones
El historiador y periodista de la BR Ulrich Chaussy se convirtió en el crítico más visible de la versión oficial. Señaló, entre otras cosas, la presencia de una mano amputada entre los restos, que no coincidía con ninguno de los fallecidos y que podría pertenecer a un segundo autor que sobrevivió. Aunque Chaussy no logró presentar pruebas concluyentes, su trabajo impulsó la reapertura del caso en 2014.
En esa segunda fase se escucharon nuevos testigos, pero los investigadores no llegaron a conclusiones distintas y el expediente se cerró nuevamente en julio de 2020.
Conclusiones y legado
Probablemente nunca sabremos con certeza si hubo cómplices o patrocinadores ocultos detrás del atentado del Oktoberfest. Lo que sí es evidente es que, una década después, Alemania vivió una nueva ola de violencia de extrema derecha: los asesinatos del NSU, los ataques de Halle (2019) y Hanau (2020), entre otros. La sensación de que la justicia sigue ciega ante la amenaza de la derecha persiste, al igual que los indicios de simpatías extremistas dentro de algunas fuerzas policiales.
Más de cuarenta años después, el caso sigue siendo una advertencia sobre la necesidad de reconocer y combatir todas las formas de extremismo, sin importar su ideología.