Introducción
Alfonso II (759‑842) fue rey de Asturias entre 791 y 842. Hijo de Fruela I y su esposa Munia, es recordado por su piedad, su política expansionista y por fundar la ciudad de Santiago de Compostela.
Ascenso al trono
Tras la abdicación de Bermudo I en 791, Alfonso II accedió al trono. Al año siguiente trasladó la corte a Oviedo, consolidando la capital del reino.
Campañas contra los musulmanes
Durante su reinado, Alfonso II amplió el territorio asturiano hacia el sur, llegando hasta la zona de Castilla y el río Duero. Sus fuerzas también realizaron incursiones en la costa atlántica, llegando hasta Lisboa.
Alianzas internacionales
Para reforzar la lucha contra los musulmanes, Alfonso II estableció una alianza con Carlomagno y con el hijo de este, Luis de Aquitania. Esta cooperación marcó una de las primeras colaboraciones entre los reinos cristianos del norte de la Península Ibérica y el Imperio Carolingio.
Fundación de Santiago de Compostela
En 813, el obispo Teodomiro de Iria descubrió una sepultura que, según la tradición, albergaba los restos del apóstol Santiago el Mayor. El lugar, llamado Campus Stellae (Campo de la Estrella), dio origen al nombre Compostela, derivado del latín componere (enterrar) y stela (lápida).
Alfonso II mandó erigir una iglesia sobre el hallazgo y promovió una peregrinación para venerar los restos del apóstol. Por ello es considerado el fundador de Santiago de Compostela, que se convertiría en uno de los principales destinos de peregrinación cristiana.
El mito de la castidad
Alfonso II recibió el sobrenombre de "el Casto" porque, según crónicas posteriores, nunca consumó su matrimonio con la princesa franca Berta. Este detalle se incorporó a la imagen moral del monarca.
Legado y reconocimiento papal
En 1884, el papa León XIII, en la encíclica Deus Omnipotens, confirmó la autenticidad de los restos descubiertos en Compostela como pertenecientes al apóstol Santiago, reforzando la importancia del sitio para la Iglesia.