La llamada “Guerra Negra”
Los británicos se refirieron a la masacre de los aborígenes tasmanos como la Black War, aunque nunca se declaró formalmente una guerra. Fue, en realidad, un proceso de exterminio impulsado por el Imperio británico.
Geografía y primeros habitantes
Tasmania, conocida por el personaje de dibujos animados “Tasmanian Devil”, se sitúa a 240 km al sureste de Australia. Sus habitantes originales eran aborígenes de piel oscura, cabello rizado, estatura baja (hombres≈1,60 m, mujeres≈1,48 m) y complexión delgada, que vivían de la caza y la recolección con herramientas muy rudimentarias.
Descubrimiento y colonización
En 1642 el navegante holandés Abel Tasman avistó la costa de la isla, que entonces recibió el nombre de Van Diemen’s Land en honor a Anthony Van Diemen, gobernador general de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Posteriormente franceses y británicos pasaron por la zona y comenzaron a esclavizar a muchos aborígenes.
En 1803 los británicos fundaron una colonia penal en la isla. Con ella llegaron “indeseables” de toda clase, así como colonos ansiosos por apropiarse de tierras, sin respetar los territorios de caza de los nativos. No tardaron en producirse los primeros choques entre los colonos, respaldados por el ejército británico, y los aborígenes, siempre en desventaja: asesinatos, violaciones y secuestros se repitieron sin que los europeos fueran castigados.

Destrucción demográfica
Entre 1803 y 1830 la población aborigen pasó de unas cinco mil personas a aproximadamente doscientos. En 1826 el periódico Tasmania Colonial Times justificó la violencia como “defensa propia”:
“No estamos aquí por obras filantrópicas. La defensa propia es la primera ley de la naturaleza. Si el gobierno no elimina a los nativos [proponían trasladarlos a otra isla], serán cazados como animales salvajes.”
Para acelerar la “solución”, en 1828 se autorizó la caza de aborígenes, ofreciendo una recompensa de cinco libras por la captura de un adulto y dos libras por un niño.
El fin del genocidio
El último hombre aborigen tasmano, George Stokell de la Royal Society of Tasmania, murió en 1860; su cuerpo fue desollado para fabricar una billetera, según relatos. La última mujer, Truganini, falleció en 1876, marcando el cierre de lo que hoy se reconoce como genocidio.
