Historia de Europa

El Palacio de Festos en Creta

Introducción

En la arqueología cretense de la Edad del Bronce, la palabra “palacio” es, sin duda, la primera que viene a la mente. Los palacios minoicos son las construcciones más llamativas y relevantes del paisaje de la isla. Tradicionalmente se señalaban cuatro palacios –Cnosos, Festos, Malia y Zakros– y, aunque investigaciones actuales han confirmado la existencia de muchos otros (Petras, Gurnia, Glatas, Monastiraki, entre otros), estos cuatro siguen siendo los más extensos y los que más han influido en la historiografía minoica.

El Palacio de Festos en Creta

Ubicación y contexto histórico

Según Estrabón, de las tres ciudades que Minos habría unido bajo una metrópolis, la tercera, llamada Festos, fue arrasada por los gortinos. Se hallaba a seis estadios de Gortina, a veinte del mar y a cuarenta del puerto de Matala, y su territorio quedó bajo el dominio de quienes la destruyeron (Geographía IV.14).

Aunque la narración de Estrabón mezcla hechos míticos (como el supuesto primer rey de Festos, Radamantis, hermano de Minos) con datos posteriores a la destrucción del último palacio, su descripción ayuda a entender por qué Festos ocupó una posición privilegiada durante el periodo medio minoico y cuál fue su papel dentro de la civilización minoica.

El palacio se sitúa en la llanura de Mesara, una de las zonas más fértiles y dinámicas del sur de Creta. Al igual que Cnosos, no tenía acceso directo al mar y dependía de puertos periféricos como Hagia Triada o Kommos para el comercio con el Mediterráneo oriental. Algunos autores proponen que, en sus primeros siglos, el palacio pudo haber funcionado con un grado de autarquía, aunque la evidencia de intercambios de vasijas y documentos administrativos sugiere una economía integrada.

El Palacio de Festos en Creta

Orígenes y fases de construcción

El llamado “palacio antiguo” se remonta al periodo protopalacial (c. 1900‑1750 a.C.). En la zona se han encontrado restos de un asentamiento del Neolítico final (c. 3600‑3000 a.C.) con casas de planta rectangular y esquinas redondeadas, así como diversas fases prepalaciales (c. 3000‑1900 a.C.). Las primeras excavaciones datan de principios del siglo XX, seguidas por campañas entre 1928‑1932 y 1950‑1967.

La gran estructura palacial se erigió sobre la colina más oriental del conjunto, probablemente para maximizar su visibilidad sobre la llanura. Desde cualquier punto de la Mesara, el edificio se percibe a distancia como una masa dominante, de dimensiones imponentes y diseño geométrico.

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Estructura arquitectónica

El palacio se organizó en tres terrazas con patios pavimentados. El patio central, ligeramente más pequeño que el de Cnosos, probablemente tenía el mayor valor simbólico, ya que aparece en todos los palacios minoicos y articula el volumen de los edificios circundantes. Algunos expertos creen que, en Festos, el patio occidental era el centro de las actividades ceremoniales, pues cuenta con una zona tipo “teatro” con escalinatas y una posible zona sagrada en el sector noroeste.

El Palacio de Festos en Creta

En las primeras etapas se hallaron betilos y los llamados kouloures, grandes cavidades circulares subterráneas que podrían haber sido depósitos de grano más que maceteros sagrados. La primera impresión al acercarse al corazón del palacio es la imponente fachada occidental, construida con enormes bloques tallados y asentada sobre un krepidoma nivelador.

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Tras esta fachada, el ala suroeste se elevaba a tres niveles, con amplias ventanas que daban al patio. La ejecución de varios pisos, el cálculo del grosor de los muros y el transporte de la madera para techos implicaron una ingeniería avanzada para la época. Algunas paredes conservan restos de frescos con motivos geométricos que podrían haber imitado patrones textiles, como los tapices, muy valorados en el mundo minoico.

Entrada principal

Como en otros palacios, la entrada principal estaba situada en el patio occidental. Un camino elevado conducía a una gran sala abierta, única en contar con una columna en toda la fachada. Desde allí, el corredor continuaba hacia el interior, probablemente hasta el patio central, cuyo suelo estaba pavimentado.

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Además de la entrada principal, la fachada ofrecía hasta cinco accesos menores, más estrechos y oscuros, que daban a habitaciones pequeñas y complejas. La comunicación entre los diferentes sectores es laberíntica; rara vez más de tres salas se conectan directamente, un rasgo que evocaba, según Arthur Evans, el mito del minotauro.

Destrucción y legado

Tras una larga ocupación, el primer palacio fue destruido por una serie de terremotos al final del periodo medio minoico IIB (c. 1750 a.C.). Intentos posteriores de reconstrucción fueron esporádicos, y apenas un siglo después se erigió el llamado “segundo palacio” sobre los escombros. En esta fase se rectificó la fachada, se organizaron almacenes en el ala occidental, se añadieron baños de purificación, áreas residenciales y salas minoicas con pilares. También se incorporó una entrada monumental y un cuarto patio al este.

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Sin embargo, en menos de un siglo el segundo palacio fue incendiado y nunca volvió a ser reconstruido. Algunas hipótesis relacionan su abrupta caída con la reubicación de la capital regional a Hagia Triada, lo que implicaría una diferenciación social de las élites locales y un desplazamiento del poder económico y religioso.