Introducción
En este artículo no pretendemos hacer una disección exhaustiva del llamado “cine romano”, sino situar la cámara sobre la imagen de Roma –ciudad y capital de un imperio– a través de algunos filmes, utilizando la procesión triunfal como excusa para ofrecer una vista panorámica de la urbe.
El peplum y la visión espectacular
El género peplum destaca por su espectacularidad y colossalismo: cuanto más grande, mejor. La rigurosidad histórica rara vez es una prioridad. Es cierto que, bajo Augusto, Roma superó el millón de habitantes, pero la ciudad que se extendía más allá de las murallas Servias (ampliadas luego por las aurelianas en el siglo III d.C.) cubría apenas 20 km². El proyecto Digital Augustan Rome permite visualizar esas dimensiones. Roma era, sin duda, una ciudad monumental, pero su trazado no incluía largas avenidas ni perspectivas abiertas; más bien, presentaba un desarrollo urbano caótico, con calles estrechas e irregulares, insulae de distintas alturas y algunos espacios verdes y complejos como el Circo Máximo, el Coliseo o los baños.
El cine, sin embargo, suele presentar una ciudad de amplias vías, edificios inmaculados y panoramas que dejan boquiabierto al espectador. Quienes han visitado el Modelo tridimensional de Roma a principios del siglo IV d.C. en el Museo della Civiltà Romana pueden comprobar que la imagen cinematográfica apenas se asemeja a la realidad de una metrópolis en constante adaptación.
El binomio Roma‑grandeza
La insistencia del cine en una Roma gigantesca responde al binomio Roma‑grandeza. Para representar una ciudad “grandiosa” se recurre a edificios imponentes y, para situar al espectador dentro de la escena, se emplean recursos como la procesión triunfal.
La procesión triunfal en la imaginación popular
En la República, la procesión triunfal estaba vinculada a una victoria militar, a la muerte de al menos cinco mil enemigos, a la proclamación de imperator y a una liturgia estricta: el triunfador recorría la Vía Sacra en carro, con la cara pintada de rojo y un esclavo susurrándole memento mori. El desfile terminaba con ofrendas al templo de Júpiter Optimus Maximus en el Capitolio.
El cine simplifica este ritual, mostrando un Foro romano repleto de ciudadanos entusiastas y un desfile que recuerda más a una parada de fútbol que a la ceremonia histórica.
Ejemplos cinematográficos
Quo Vadis (Mervyn LeRoy, 1951)
La película abre con la procesión triunfal de Marco Vinigio (Robert Taylor) en la Roma de Nerón. El foro que se muestra es una versión gigantesca, con edificios que recuerdan a la Basílica de San Pedro. La escena es más una fantasía que una reconstrucción arqueológica.

Ben‑Hur (William Wyler, 1959)
Solo aparecen dos secuencias en Roma; la más memorable es la procesión triunfal de Quintus Arius después de vencer a los piratas. El plano panorámico muestra una avenida imposible que atraviesa el Foro, algo que cualquier conocedor de la estrechez del Foro romano cuestionaría.

Cleopatra (Joseph L. Mankiewicz, 1963)
La llegada de Cleopatra (Elizabeth Taylor) a Roma está acompañada de un desfile de magnitud descomunal, con un arco triunfal inexistente (una recreación del Arco de Constantino) y un carro en forma de esfinge. Históricamente, una reina extranjera no podía entrar al pomerium; tendría que alojarse en una villa cántabra.

Spartacus (Stanley Kubrick, 1960)
El foro usado, diseñado por Peter Ellenshaw, muestra una visión idealizada: una gran plaza, el Capitolio al fondo y templos diminutos. No hay procesión triunfal, pero la imagen del Foro es claramente ficticia.

The Fall of the Roman Empire (Anthony Mann, 1964)
Incluye una procesión triunfal de Cómodo que recorre la Vía Sacra, cruza el arco de Augusto y llega al templo de Júpiter. La escenografía es una de las recreaciones más cuidadas del corazón de la Roma antigua, aunque el mármol blanco y algunos acueductos son anacronismos.

Gladiator (Ridley Scott, 2000)
La procesión de Cómodo (Joaquin Phoenix) está inspirada en la estética nazi de Leni Riefenstahl y Albert Speer. La cámara muestra una Roma ficticia, con avenidas anchas, estatuas ecuestres colosales y una multitud que recuerda a los mítines del Tercer Reich.


Rome (HBO‑BBC‑RAI, 2005‑2007)
La serie destaca por ofrecer una Roma “realista”: calles sucias, edificios de ladrillo y terracota, y una clara distinción entre las domus senatoriales y las insulae del Aventino. El décimo episodio muestra la procesión triunfal de César tras sus campañas en la Galia, con todos los elementos tradicionales (cara roja, spolia, captura de Vercingétorix, etc.).

Otras interpretaciones contemporáneas
En Titus (Julie Taymor, 1999) el complejo de la EUR, construido bajo Mussolini, sirve como escenario de una procesión triunfal moderna. Coriolanus (Ralph Fiennes, 2011) sitúa la Roma del drama en una prisión de Europa del Este, mientras que Caesar must die (Paolo y Vittorio Taviani, 2012) utiliza celdas y patios de una cárcel romana para recrear la tragedia de Shakespeare.
Conclusión
Ya sea una Roma real, imaginada o totalmente inventada, la ciudad sigue siendo una constante del cine y la televisión. Cada representación, aunque a veces anacrónica, revela tanto sobre la historia como sobre los anhelos estéticos y políticos de los autores.