Historia de Europa

El genocidio de los Umman-Manda hace 4.500 años

Hoy disponemos de abundante evidencia arqueológica que confirma que la violencia contra el prójimo ha acompañado al ser humano desde que abandonó los árboles y empezó a lanzar piedras. Restos humanos del Paleolítico presentan heridas de flechas y piedras, y el famoso Ötzi, la momia alpina, lleva una profunda marca que parece una punta de flecha.

El relato de Naram‑Sin

Una de las primeras crónicas que menciona una masacre pertenece a las inscripciones que relatan la campaña del rey acadio Naram‑Sin. Escritas siglos después de su reinado, lo describen como un conquistador temerario, capaz de despellejar a sus enemigos vivos. El genocidio de los Umman-Manda hace 4.500 años

¿Quiénes eran los Umman‑Manda?

Según las tablillas, una extraña comunidad llamada Umman‑Manda se asentó en las llanuras del norte, entre las cuencas del Tigris y el Éufrates. Su nombre reaparece durante siglos, hasta la época de Ciro el Grande, y parece aludir a un ejército invasor que arrasó todo a su paso, comparable a la leyenda de Atila y los hunos. Algunos investigadores suponen que los Umman‑Manda eran migraciones de origen indoeuropeo, quizá procedentes de Anatolia o del Cáucaso, donde ya se domesticaba el caballo en la era acadia.

El término acadio “Umman‑Manda” puede traducirse como “el ejército de Manda” o “la muchedumbre de Manda”, es decir, “esa pandilla de invasores que vienen a quitarnos el pan sin ser invitados”. El genocidio de los Umman-Manda hace 4.500 años

El genocidio

Para los sumerios‑acadienses, los Umman‑Manda no eran humanos. Negar la humanidad de una población es una de las bases del genocidio, como ocurrió con judíos, armenios, tutsis, rusos, sioux, coreanos, chinos, pueblos indígenas australianos y muchos otros. Naram‑Sin decidió probar su “letalidad” apuñalando a varios miembros; al sangrar, los consideró simples objetos mortales, no seres humanos. El rey ordenó la exterminación total: hombres, mujeres y niños fueron masacrados sin piedad y sus cuerpos apilados y quemados sin ceremonia religiosa.

Las mujeres de los Umman‑Manda también tomaron las armas, pero sus intentos fueron inútiles frente a los arcos acadios. Más adelante, otro grupo de Umman‑Manda descendió del norte bajo el mando de su propio rey y comenzó a destruir ciudades. Naram‑Sin, derrotado en la confrontación, concluyó que lo mejor era dejar que los dioses se encargaran de ellos.

Legado y reflexiones

A pesar del brutal exterminio, los Umman‑Manda reaparecieron a lo largo de los siglos, siendo citados por elamitas, asirios, babilonios y hititas. Con el tiempo, parece que se asentaron y dieron origen al imperio medo. De este episodio se pueden extraer dos lecciones: los “invasores” no desaparecen siempre y, a veces, la mejor forma de frenar a un Atila es evitar el genocidio.

“Si nos pinchas, ¿no sangramos? Si nos haces cosquillas, ¿no reímos? Si nos envenenas, ¿no morimos? Y si nos insultas, ¿no nos vengaremos?” – William Shakespeare, El mercader de Venecia

Contribución de Joshua BedwyR, autor de In a Dark Blue World