El contexto mesopotámico
Antes del 2300 a.C., la llanura entre los ríos Tigris y Éufrates estaba dividida en ciudades‑estado que se enfrentaban de forma intermitente para apoderarse de recursos. Estas ciudades no contaban con ejércitos permanentes; recurrían a levantes de ciudadanos que se organizaban temporalmente para la guerra.
El ejército sumerio
Una fuerza típica de la época reunía entre 800 y 1.000 combatientes. Gracias al descubrimiento de Sir Leonard Woolley del Estándar Real de Ur, sabemos que los sumerios basaban su poder en la falange. Los infantes usaban cascos de cuero y portaban lanzas de hasta 3 m con punta de bronce o cobre (más frecuente por su menor coste). Los escudos eran de mimbre recubiertos de cuero. La táctica era sencilla: dos falanges se enfrentaban choque a choque, escudo contra escudo y lanza contra lanza, y prevalecía quien mantenía la formación o lograba herir al rival con mayor eficacia.
Banner de Ur
Además de la infantería, había arqueros, aunque escasos, ya que los arcos sumerios de madera de palma de dátil tenían poco poder. Los más eficaces eran los honderos, que acosaban los flancos enemigos. En el mismo Estándar Real aparecen también algunos carros de guerra de cuatro ruedas tirados por asnos; las reconstrucciones modernas indican que eran lentos y poco maniobrables, por lo que su función era más ceremonial que táctica.
Sargón de Acad y la revolución militar
En medio de las luchas entre ciudades‑estado surge una figura que cambiará la región: Sargón de Acad. Según relatos autobiográficos, era hijo de una sacerdotisa y fue abandonado en una cesta en el río; la encontró un jardinero del rey de Kish, que lo adoptó y lo introdujo en la corte. Más tarde se convirtió en alacrán del rey, ejecutó un golpe y usurpó el trono. Una vez rey de Kish, impulsó profundas reformas militares.
Sargón creó el primer ejército profesional. En sus inscripciones menciona que mantenía en la capital acad, Agade, a 5 000 soldados profesionales a su cargo, a los que alimentaba y pagaba de su propio bolsillo. Esta medida garantizaba lealtad y permitía disponer todo el año de un cuerpo entrenado que multiplicaba por cinco el número habitual de levantes ciudadanos. Cada ciudad conquistada recibía una pequeña guarnición acad, que servía tanto de advertencia como de centro de entrenamiento.
Se estima que bajo Sargón el ejército acad llegó a contar con unos 35 000 combatientes, una auténtica "Grande Armée" de la antigüedad.
Innovaciones en armas y tácticas
Sargón mantuvo la falange, pero la dotó de capas reforzadas con placas de bronce. Introdujo la siparru, una espada de hoja curva similar a una hoz, fabricada en bronce. Este arma, heredada de líderes sumerios, servía para enganchar escudos y abrir la garganta del adversario, o para cortar a los desorientados.
Otro gran avance fue la incorporación del arco compuesto, conocido entre los nómadas semíticos acad. Construido con madera fuerte, tendones y cuerno, y unido con un pegamento de tendones hervidos y piel de pescado, alcanzaba más de 55 lb de fuerza, mucho mayor que los arcos sumerios de 30‑35 lb. Equipado con puntas de bronce, el arco compuesto perforaba las capas reforzadas de la infantería. Los arqueros acad, ahora profesionales, disparaban voluminosas salvas que desintegraban la formación enemiga antes del choque de falanges.
Los honderos dejaron de ser meros merodeadores y se integraron en las salvas de proyectiles, mientras que se desarrollaron técnicas de asedio para derribar murallas. Estas innovaciones explican por qué muchas batallas bajo Sargón se describen como "cortas", a menudo seguidas de una retirada masiva del enemigo.
Reclutamiento de los vencidos
Hasta entonces, los soldados derrotados podían ser perdonados, ejecutados o esclavizados. Sargón adoptó una política distinta: perdonaba a los prisioneros y los incorporaba a sus regimientos profesionales. Así, aumentaba su número y contaba con tropas que, al haber asegurado su sustento y una vida mejor, mostraban una lealtad y fanatismo sin precedentes.
El legado del ejército acad
Con este ejército perfectamente entrenado, Sargón pasó de ser "Rey de Kish" a "Señor de las Cuatro Zonas del Mundo", extendiendo su dominio desde la frontera actual entre Irán e Irak hasta el sur de Turquía y, hacia el oeste, posiblemente hasta Chipre. Sin embargo, como todo imperio, enfrentó su día fatal en una campaña militar desastrosa que marcó el comienzo de su declive.