Introducción
«Conócete a ti mismo y conoce a tu enemigo; en cien batallas nunca serás vencido. Si ignoras a tu enemigo pero te conoces, tus posibilidades de ganar o perder son iguales. Si ignoras a ambos, la derrota es segura.» – Sun Tzu, El arte de la guerra
En la actual pandemia de COVID‑19 aún desconocemos gran parte del virus, por lo que la cooperación y la búsqueda de alternativas son esenciales mientras esperamos la vacuna. Mientras tanto, se están reutilizando fármacos y tratamientos antiguos contra otras infecciones virales.
Plata: un antibacteriano milenario
Desde la antigüedad la plata se ha usado para conservar y esterilizar agua. El primer texto publicado sobre su aplicación en heridas data del siglo XVII y, en el siglo XIX, se desarrollaron sales de plata por sus propiedades antimicrobianas. A finales de ese siglo los cirujanos comenzaron a emplear hilos de plata para prevenir infecciones postoperatorias.
Heródoto relata que Ciro II de Persia transportaba agua en grandes recipientes de plata durante sus conquistas, sin saber explicar el porqué de su eficacia. Hoy sabemos que la plata libera iones que atacan a microorganismos como E. coli, Legionella, Pseudomonas o Salmonella. Es inodora, insípida, no tóxica y se ha usado contra más de seiscientas enfermedades virales y bacterianas (parásitos, herpes, candidiasis, etc.). Su única limitación es que necesita humedad para liberar los iones activos.
Cobre: el héroe industrial
Los egipcios empleaban cobre para esterilizar agua potable, aliviar dolores de cabeza y tratar afecciones cutáneas. Los soldados utilizaban virutas de sus espadas de bronce para evitar infecciones en heridas. Hipócrates ya recomendaba el cobre para distintas dolencias y, en la India y el Lejano Oriente, se usaba contra problemas cutáneos y pulmonares.
En la civilización azteca se preparaban infusiones de cobre para tratar faringitis y respiratorios. Los romanos lo recomendaban para limpiar el cuerpo de toxinas, curar úlceras bucales e incluso enfermedades venéreas. Durante la epidemia de cólera en París (siglo XIX) los trabajadores del cobre parecían estar inmune, lo que despertó la curiosidad de los médicos.
El mundo del vino también aprovechó sus propiedades: el sulfato de cobre se utiliza para prevenir hongos que arruinan la cosecha. En 1882, Pierre Marie Alexis Millardet observó que las vides más cercanas a una carretera impregnada con una pasta de sulfato de cobre permanecían sanas. En 1885 creó la «bouillie bordelaise», uno de los primeros fungicidas de la historia.
Desde la Revolución Industrial el cobre se volvió omnipresente en objetos, accesorios e instalaciones. Aunque en el siglo XX fue reemplazado en muchos ámbitos por materiales más económicos (plástico, vidrio templado, aluminio o acero inoxidable), estudios recientes en entornos hospitalarios demuestran que las superficies de cobre o aleaciones reducen hasta un 90 % la carga bacteriana y disminuyen en un 58 % las infecciones en unidades de cuidados intensivos.
Perspectiva futura
«Es hora de recuperar el cobre en los espacios públicos y, sobre todo, en los hospitales. Con un futuro inevitable de pandemias globales, deberíamos usar cobre en la atención sanitaria, el transporte público e incluso en nuestros hogares. Ya es demasiado tarde para detener la COVID‑19, pero no lo es para prepararnos para la próxima pandemia.» – Bill Keevil, director de la Unidad de Salud Ambiental de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Southampton.
En conclusión, tanto la plata como el cobre, con siglos de uso y evidencia científica, continúan ofreciendo una defensa natural contra microorganismos y podrían ser piezas clave en la prevención de futuras crisis sanitarias.