Introducción
Si Jesús no hubiera sido crucificado, el símbolo del cristianismo hoy podría ser, por ejemplo, una soga con un nudo de ahorcado o una túnica rasgada. La crucifixión no fue un azar: era la pena prevista por la legislación romana para ciertos delitos y para personas que no gozaban de ciudadanía.
La tolerancia religiosa en Roma
El Imperio romano, pese a sus campañas de conquista, practicaba una relativa tolerancia religiosa siempre que se respetara el orden público, se pagaran los impuestos y se reconociera la supremacía del emperador. Bajo esas condiciones, se podían venerar deidades tan diversas como el "Monstruo de Espagueti Volador", Maradona o incluso el universo de Star Wars. Sin embargo, los cristianos dejaron de ser percibidos como una simple secta judía y pasaron a ser vistos como una amenaza política porque rechazaban a los dioses del Estado y la autoridad imperial.
El juicio de Jesús
En primer lugar, el Sanedrín juzgó a Jesús por blasfemia, delito que según la Ley hebrea merecía la lapidación. Al estar Judea bajo dominio romano, la pena capital sólo podía ser dictada por el gobernador, en este caso Poncio Pilato. Ante la imposibilidad de ejecutar la sentencia judía, los líderes religiosos trasladaron a Jesús a Pilato y cambiaron el cargo a "sedición", acusándolo de proclamarse rey y de incitar al pueblo contra la autoridad romana.
Pilato, consciente de que los judíos buscaban eliminar a Jesús, intentó liberarlo, pero la presión de la multitud lo obligó a condenarlo bajo la Lex Julia de la traición (sedición, rebelión, asesinato de magistrados, etc.).
Tipos de pena capital en la legislación romana
El derecho romano preveía distintas formas de ejecución según la gravedad del delito y la condición del condenado. Para extranjeros y esclavos, la categoría más alta de castigo (summa supplicia) incluía la crucifixión, la hoguera (crematio) o la exposición a bestias en el circo (damnatio ad bestias).
¿Por qué se eligió la crucifixión? Porque era la forma más humillante y pública de advertencia contra los rebeldes. Sólo los no ciudadanos podían ser crucificados; los romanos de sangre libre estaban excluidos. Un ejemplo famoso es la crucifixión de los 6.000 esclavos capturados por Craso, incluido Espartaco, a lo largo de la Vía Apia, como macabro mensaje a cualquier futuro levantamiento.
La crucifixión consistía en clavar o atar al condenado a una cruz en un lugar visible fuera de la ciudad. El proceso era lento y doloroso, pudiendo prolongarse varios días, mientras el cuerpo quedaba expuesto a la intemperie y a la burla del público.
El vaso de "vinagre" en la cruz
En el Evangelio de Juan (capítulo 19) se relata que, al decir "Tengo sed", Jesús recibió un recipiente lleno de "vinagre". Los estudiosos sugieren que lo que realmente se ofreció fue posca, una bebida compuesta de agua y vino agrio, consumida habitualmente por los soldados romanos y por la población de escasos recursos.
La posca era barata, se conservaba bien y servía como desinfectante, lo que la hacía ideal para los guardias que vigilaban la cruz. Por eso es más probable que el vaso contuviera posca y no vinagre puro.